No está previsto que la reforma de la justicia que propone Ruiz Gallardón contemple penalizar chorradas.
Decir tonterías con la conciencia clara de que se está diciendo una estupidez es prácticamente un derecho constitucional amparado por el principio sagrado de la libertad de expresión, y como eso lo saben los políticos no hacen nada por matizar sus afirmaciones y profieren a diario y a diestro y siniestro todo lo que creen que puede desprestigiar al rival, aunque no sea cierto.
Estamos, por si el señor Rubalcaba no se ha dado cuenta, en el año 2012, en pleno siglo XXI, y afirmar que los logros que la mujer ha conseguido en años de lucha por reivindicar sus derechos se han ido por el sumidero de la historia desde el día que tomó posesión el nuevo gobierno hasta hoy, es como poco una demasía.
Es cierto que en política, cuando se hace oposición, vale el trazo grueso en búsqueda de un titular llamativo, pero depende de cuál sea el tema que se critique así debe ser la licencia que se permita un partido para descalificar al contrario.
La frase del candidato socialista ha sido que “las mujeres han retrocedido en sus derechos 30 años desde que ha llegado el gobierno del PP”, y si al menos hubiera cambiado el tiempo verbal y hubiese formulado esta frase en futuro, podría anunciar un riesgo en vez de una realidad que no es cierta.
Todo viene a propósito del anuncio de la reforma de la ley del aborto para que los padres de las menores de edad deban estar informados previamente de la intención de sus hijas de interrumpir el embarazo. Nadie ha hablado de derogar la ley del aborto – que ya la mantuvo en PP durante los ocho años en los que gobernó desde 1996 al 2000 – sino de reponer el derecho de los padres a saber si su hija menor va a pasar por ese trance.
Hace unos días un dirigente socialista con el que comí me contaba que entre los errores del gobierno de Zapatero que le llevaron a perder las elecciones estaba precisamente la modificación que se hizo de la ley del aborto. Por eso creo que las exageraciones que se dicen en política son simplemente exageraciones que suenan a grandes chorradas, pero como todo vale esto me recuerda a la costumbre de los monarcas de la EDAD Media en Europa que le otorgaban patente de corso a los piratas. La patente de corso era un documento por el cual su propietario tenía autorización para atacar barcos y poblaciones de las naciones enemigas.
Hoy también ocurre lo mismo.








