Carlos Fabra es de esos políticos a los que siempre les toca la lotería. En Madrid hubo una época en la que también se daba la coincidencia de que por Navidad no sólo era la nieve lo que blanqueaba el ambiente.
El hombre de las gafas oscuras al responder a un fotomontaje en el que se le caracteriza como el calvo de la lotería con el 27931 ha dicho que comprará una serie de ese número y si le toca se sacará la pirula y meará en la sede de Izquierda Unida a quien atribuye la autoría de la broma.
La diferencia entre lo que pretende hacer el Presidente de la Diputación de Castellón y lo que hacían algunos concejales madrileños está en que los sospechosamente agraciados intentaban ser más discretos que él.
A mí tanto la pirula de Carlos Fabra como la sede de Iquierda Unida me la traen floja (nunca mejor dicho), pero a favor del prestigio de quien preside la institución castellonense, quiero decirle que ya que no es muy exigente con los asuntos económicos al menos lo sea con el lenguaje porque pirula como sinómino de falo, verga, cola, picha, carajo, polla o miembro viril, no existe.
Aclarado este error semántico sigo sin entender cómo las direcciones nacionales de algunos partidos políticos (en este caso es el PP pero otras veces es el PSOE) no atan corto a sus más incómodos dirigentes para que controlen sus impulsos más impresentables, porque de nada vale hacer una oposición rigurosa si luego te crecen los enanos por todas partes, especialmente en los territorios donde el caciquismo es ley.


