El tema es demasiado serio para despacharlo en unas líneas, y lo que nadie niega es que abortar es el reconocimiento de un fracaso, la alternativa a una situación dramática resuelta con dramatismo.
Nadie, salvo la persona que decide abortar, sabe lo que ha pasado antes y después de hacerlo por la cabeza de la mujer que interrumpe voluntariamente su embarazo.
No me imagino a alguien que aborte – como si se pusiese tetas – pidiendo hora para ir a la peluquería después de salir de la clínica.
En definitiva, sobre este tema habla todo el mundo con demasiada frivolidad, pero habría que oír a las mujeres que han pasado por ese dramático trance y que han tenido que tener asistencia psicológica con posterioridad.
En cambio a quienes más oímos es a gente que ha hecho bandera política de una desgracia personal ajena, que son los mismos que les niegan a los obispos el derecho a opinar sobre si es moral o inmoral esa conducta.
Solamente los distantes están seguros de lo que dicen, aun que no sepan qué es lo que pasa.
En España abortan las mujeres – nacionales y extranjeras que vienen a algunas clínicas de nuestro país porque nuestra legislación es más laxa que en los suyos – sin que corran el riesgo de ser perseguidas penalmente. Los únicos que a veces delinquen son algunos médicos que protegen su negocio saltándose la amplitud de la ley vigente.
Tenemos un país que hace años consiguió que nuestra legislación asumiese como normal lo que ya era normal en la calle. Sin embargo, cuando eso empezó a ocurrir teníamos unos políticos con más sentido común que los actuales.
La manía por dar una vuelta de tuerca más, por artificializar lo que no necesita ser forzado está convirtiendo a España en un país que dedica sus esfuerzos a lo interesante en vez de hacerlo con lo importante.
Mientras crece el paro, suben los precios energéticos y no hay un proyecto de futuro atractivo para nuestros hijos, el gobierno de ZP juega a ser más de izquierdas que sus ancestros, aunque ¡ eso sí! sin dejar de confundir lo público con lo privado cada vez que necesitan pasarlo bien.
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