02
Jul
09

un rincón de Madrid

 

Me han pedido de Onda Madrid que les hable de un rincón de Madrid que para mí sea especial.

Mi condición de periodista, que es algo que nunca se pierde aunque a veces se oculta ha sido superada en el tiempo con mi vocación de escritor, y he de confesar que en todas mis novelas siempre hay al menos un muerto y por lo tanto un cementerio.

Eso me lleva a confesar que el rincón que me sugiere cosas es  el cementerio de La Almudena, un lugar que, aunque prometo que soy un tío optimista, positivo y nada depresivo, me inspira mucho, porque siempre he pensando que quien cree en la vida sabe que existe la muerte y no la teme.

El Cementerio de nuestra señora de la Almudena surgió en 1884 como camposanto provisional, y se llamó popularmente el cementerio de las epidemias, porque por aquellas fechas hubo una epidemia de cólera en Madrid.

Este cementerio tiene historia, él mismo forma parte de la historia de Madrid, de sus costumbres, de su paisaje, de sus aglomeraciones de gentes que van cuando toca en noviembre y de las soledades tristes de quienes no tienen una fecha fija para pasar allí algunos ratos.

Dos Presidentes de la Primera y segunda República como Pi y Margall o Niceto Alcalá Zamora, Pérez Galdós o Dámaso Alonso, Enrique Tierno o Paco Umbral, el uruguayo Juan Carlos Onetti o Cecilia, cantante de una España nuestra,  es decir, de todos, están allí enterrados.

Merece la pena pasearse por ese campo santo, en el que hay madrileños que nunca creyeron en Dios, hasta el día en que murieron.

Es un barrio de flores, de lápidas en construcción y de oraciones rápidas, casi furtivas, porque incluso algunos curas le roban tiempo a sus responsos. Os lo digo de verdad. Merece la pena que os paseéis alguna vez por allí, antes de que tengáis que ir por obligación porque…os ha tocado.


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