Siempre es un buen momento para hacer balance de casi todo y como no basta con lo que nos diga en CIS, hablemos del gobierno.
Al comienzo de la transición política, cuando Adolfo Suárez formó su primer gobierno, la prensa bautizó aquel ejecutivo diciendo que era un equipo de penenes.
Los penenes eran los profesores no numerarios de las universidades españolas pero que no habían obtenido una cátedra aún.
Si hoy la prensa tuviera que definir al gobierno de Zapatero – excepción hecha de algunos brillantes componentes del grupo – debería decir que su ejecutivo está formado por un equipo de logsianos, es decir estudiantes de la Logse, gente sin preparación, a la que no se le exige competencia especial ni acreditación solvente de sus conocimientos.
No es exagerada esta afirmación porque es bien sabido que alguna ministra y algún ministro del actual gobierno no han pasado ni por la cafetería de ninguna de nuestras universidades, lo cual no sería una razón para invalidar sus capacidades, si las tuvieran.
Pero como hay que poner nombres y apellidos a estas reflexiones vayamos por partes.
El gobierno, en su conjunto, transmite la sensación de que no es eficiente porque se le considera incapaz de gestionar la crisis económica con iniciativas que vayan más allá de la subvención a los parados.
Hoy la crisis lo pervierte todo y de ella no se libra ni la imagen de los ministros mejor valorados.
Zapatero no aprueba pero sigue gustando a algunos.
Rubalcaba, en cambio, es el mejor, porque nadie duda que en lo suyo (incluso cuando hace el mal) es muy bueno.
Entre las nueve mujeres del gobierno se salvan tres por aquello de que la vicepresidenta Fernández de la Vega gusta mucho a los suyos, Carmen Chacón a pesar de algunos fallos clamorosos en Defensa sigue teniendo el prestigio de la política con ambición y futuro y Trinidad Jiménez, está acertando en la gestión responsable y compartida de la epidemia de la gripe A.
La vicepresidenta económica, Elena Salgado, ha heredado un marrón del que es difícil salir sin daño, y aunque su imagen física es impecable, su imagen política pierde enteros cada día.
En el pelotón de la mediocridad insulsa están Elena Espinosa, Beatriz Corredor, Angeles González Sinde, aunque a todas ellas la supera Bibiana Aído, un capricho del absurdo.
Cristina Garmendia, en su pelea con el ministro de Industria por disputarle algunas competencias demuestra al menos que sabe lo que se trae entre manos en su ministerio de Ciencia e Innovación.
En el ámbito de la nueva masculinidad ministerial, además del ya citado, para bien, Alfredo Pérez Rubalcaba, suben muchos enteros José Blanco, que ha cambiado el gorro de “agitación y propaganda” por el de ministro eficiente y con sentido de Estado, y sobre todo el titular de Justicia Francisco Caamaño, un exquisito jurista y tolerante, que concita buen rollo allá por donde va.
El vicepresidente Chaves desde que ha llegado a Madrid se ha vestido de nazareno con la cruz de sus chanchullos andaluces a cuesta; el ministro Corbacho baja tanto como sube el paro, Moratinos mantiene su nivel que nunca fue más allá que de “vuelo rasante”, y nos quedan Gabilondo que aún no ha dado a luz y Miguel Sebastián que me sigue debiendo una bombilla de bajo consumo.
Como diría Romanones ¡ vaya tropa!
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