20
Oct
09

más cornás da el hambre

 

Aunque yo creía que se trataba de un torero más reciente la frase se la atribuyen los expertos a Manuel García El Espartero, nacido en 1865, de quien se dice que “padecía el virus de la afición”.

Quiso ser y fue torero, era pobre pero gracias a su valor y simpatía se hizo rico y célebre. Dicen los cronistas que le cogieron mucho los toros, pero no se inmutaba: tenía, en palabras de un historiador de la fiesta, una especie de torpeza siniestra, frente a la que respondía con sabiduría.

Prefería morir, como así ocurrió, en la plaza frente a un toro de lidia que en el callejón frente a la nada.

No soy muy aficionado a la  fiesta, aunque me caen mal los antitaurinos, pero siempre he pensado que rendirse ante lo  que algunos llaman inevitable es una forma de regalarle nuestra apatía a quienes más nos joden.

Tal vez unas de las pocas cosas que podemos elegir es la forma como administramos nuestras miserias o, como le gusta decir a  un amigo mío  “en mi hambre mando yo”.

Hoy parece que en nuestra hambre, en nuestras necesidades, en nuestras ilusiones, a veces frustradas, quiere mandar el gobierno y organizarnos como colectivo subvencionado y a la vez agradecido, aunque no existe ninguna razón para dar la gracias porque quienes cobran alguna subvención lo hacen gracias  a quienes pagamos nuestros impuestos y no gracias a la generosidad de ZP.

Cada día unos 500 autónomos cierran sus negocios a causa de la crisis, aunque antes de liquidar cualquier deuda deben cumplir con Hacienda y pagar, aunque los morosos que los hunden sean las propias administraciones públicas.

Vivimos en un país de santos y como algunos no se metan a toreros, aquí no hay futuro para los emprendedores.


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