Me piden un breve artículo sobre el juez Baltasar Garzón para la revista de información política MÁS, y me plantean que elija si es un héroe o un villano.
No he sabido responder con tanta precisión, pero ésto es lo que les he dicho:
“ El dilema no es si es un héroe o un villano porque los dos calificativos son insuficientes para definir o contextualizar a Baltasar Garzón, un juez que todo lo ha hecho a lo grande.
Es justo decir que Garzón – aunque no siempre ha sido todas estas cosas al mismo tiempo – es o ha sido un valiente, arriesgado y contumaz, servidor de la justicia, al que se le ha ido quedando pequeño casi todo y ha necesitado pasar por el ejecutivo y el legislativo para volver al judicial y así justificar su absoluto desprecio a la división de poderes.
Ha sido justiciero contra ETA y vengador (¿o vengativo?) contra quienes dejaron de sus amigos en el gobierno socialista. Ha tenido un criterio selectivo para perseguir el delito porque ha hecho una instrucción a la medida de sus intereses. Nunca dudó que merecía el premio Nóbel de la paz ni imaginó a nadie con más méritos que él para presidir el Tribunal Penal Internacional: las grandes causas eran las suyas y cuando no pudo sentar en el banquillo ni a Pinochet ni a los gobernantes de Tel Aviv se empeñó en juzgar y condenar a Franco del que no tenia noticia de que había muerto
Es una pena que haya acabado en lo que hoy es porque está cuestionado como juez incluso por los suyos y, aunque no le condenen nunca por prevaricación, ojalá que no ocurra nunca, ha dejado en el camino kilos de credibilidad e independencia.”
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