Los que bien conocen a José Luis Carod Rovira afirman que es un hombre culto y cordial, y no tengo ninguna duda al respecto. Lo que no dicen de él es que es un político intolerante y sectario que padece la enfermedad del nacionalismo. Cuando digo enfermedad me refiero a una anomalía que convierte en rival – por no decir enemigo- a todo aquel que no hable su mismo idioma o tenga su misma bandera. La condición de nacionalista es una forma de ser que sólo se explica mediante el ombliguismo y se justifica en el victimismo, en la denuncia de agresiones que no existen y en la certeza de que los demás son inferiores, por eso el nacionalismo es una suerte de fascismo. El día que los nacionalistas consiguen sus objetivos – la independencia – en ese momento comienzan una nueva y ansiosa búsqueda del enemigo interior, consistente en hacerle la vida imposible a quienes no son “suficientemente nacionalistas” “algo tibios” o “demasiado tolerantes con los otros”. Convertir en políticamente correcto lo que interesa a los nacionalistas cuando gobiernan significa satanizar cualquier conducta que no coincida con la filosofía o los símbolos del poder. Uniformar las mentes y marcar las pautas de conducta de los ciudadanos es el objetivo, por eso quienes se significan fuera de esas normas acaban por ser considerados ciudadanos de segunda y ven cómo sus derechos son limitados. Es cierto – y en España tenemos la experiencia de mas de 2O años de gobiernos nacionalistas en el país Vasco – que a todo se acostumbra uno, porque el miedo a ser distinto, cuando lo que prima es ser de la tribu, o el coste social y económico que supone oponerse intelectualmente a formar parte de la manada, obliga con frecuencia a aceptar formar parte del paisaje, engrosar las filas de las mayorías silenciosas, o exiliarse. El viajero compulsivo a costa del presupuesto que viene de España, Carod Rovira, dice que si el dictamen del Tribunal Constitucional en relación al estatuto es negativo, Cataluña deberá plantearse si quiere seguir en España. Como frase no está mal, como declaración de intenciones está aun mejor, pero como dibujo de lo que sería el futuro independiente de Cataluña, es preocupante… para los catalanes.
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algunos le añoran
Como dijo Arias Navarro, aunque ese día Garzón no vió el telediario y no se enteró, Franco ha muerto. Por lo tanto de Franco ya no quedan ni sus huesos, como mucho alguna estatua ecuestre y alguna calle o plaza recordando su nombre en uno de esos pueblos de alcaldes recalcitrantes que se resisten a aceptar que han pasado treinta y cinco años.
Franco es historia pero no es sociología, y por esa razón no queda nada de su dictadura, salvo las heridas incuradas e incurables de quienes le padecieron como enemigos políticos.
Cuando digo que Franco no es sociología me refiero a que muchos ciudadanos de España nacieron después de su muerte y, salvo por los libros o por lo que les cuentan los de anteriores generaciones, no saben quién fue aquel general golpista, bajito, de voz atiplada y mala leche.
Estos años han hecho que aprendamos a vivir en democracia, asumiendo deberes y respetando derechos, y la normalidad impregna nuestras leyes y nuestras calles.
Sin embargo he de reconocer que treinta y cinco años después hay quienes se empeñan en resucitar a Franco porque lo necesitan para hacer política.
Lo más curioso y a la vez sorprendente es que no pocos de ellos son antiguos franquistas vergonzantes, que ocultan su pasado y que ahora exhiben un currículo de lucha contra la dictadura que nunca tuvieron. Miembros del Opus Dei y colaboradores activos del régimen anterior son hoy azote inmisericorde de la actual derecha política democrática; familiares de golpistas del 23 F y activos militantes de Falange con fotografías que les inmortalizan con la camisa azul y el brazo en alto dan hoy lecciones de democracia desde la izquierda, y ejemplos así podríamos seguir relatando, que no son pocos los periodistas de aquella época, que se han travestido creyendo que la memoria de los demás es frágil o que las hemerotecas no existen.
La paradoja está en que los supuestos antifranquistas son los que están más preocupados con el muerto, aunque lo más probable es que sin él no tienen referencias que les justifiquen.
La ley de memoria histórica – con amnesia sobre lo que ocurrió en la zona republicana – es uno de sus grandes logros.
están de los nervios
No lo entienden y por eso están de los nervios. Les parecía impensable y ahora no soportan que no haya resultado imposible, pero el gobierno está contra las cuerdas y aunque se pellizcan todos los días a todas horas para comprobar si están soñando o despiertos, la realidad es que la oposición lo ha acorralado.
La pregunta que deben estar haciéndose los miembros del gobierno es cómo un partido que tiene el follón de la Gürtell, el lío de Camps, la rebeldía de Aguirre y un líder cuestionado, puede estar haciendo una oposición tan eficiente y tan demoledora y costosa para el ejecutivo.
Coincido con el gobierno en que, a simple vista, resulta difícil comprender que ocurra esto, pero si se analiza en detalle cómo está respondiendo Zapatero y su equipo a los problemas que tiene planteados nuestro país, no es de extrañar que el agua les empiece a llegar a cuello.
Lo más significativo es que pesos pesados del ejecutivo, como Alfredo Pérez Rubalcaba o Teresa Fernández de la Vega, sean los que pierdan los papeles, y eso les ocurre porque ambos son conscientes de que lo están haciendo rematadamente mal en temas especialmente sensibles que afectan a la seguridad jurídica y a la coordinación de políticas en situaciones de crisis.
La sensación que percibe la ciudadanía es que ya no valen los eslóganes, las buenas palabras y las mejores intenciones, porque lo que se le exige a un gobierno es eficiencia en la resolución de los problemas y lo que encuentra son sólo explicaciones con demasiada frecuencia poco creíbles.
La crisis económica – sobre la que Zapatero sigue inventándose futuribles – no es la única preocupación que orada al gobierno. El tema de las escuchas del sistema SITEL, la gestión de la crisis del Alacrana, o la división innecesaria que se ha creado en torno a la nueva ley aborto, con Zapatero insistiendo en la falacia de que es para que las mujeres no vayan a la cárcel cuando todo el mundo sabe que es mentira porque nunca ha ido a la cárcel por abortar ninguna mujer, son elementos que utiliza la oposición para denunciar lo que no hace o hace mal el ejecutivo.
El gobierno sabe que tal como están las cosas, como sigan así, pierden las elecciones independientemente de quién sea el cartel electoral del PP en las generales.
la munar y la pantoja
Sin embargo he de reconocer que, entre ambas, sí hay una diferencia. María Antonia Munar, es cargo público, maneja presupuesto del Estado, tiene una cierta tradición de pactar con quien haga falta para seguir en el poder y, si se demostrase que ha delinquido, su falta sería más grave que la de la Pantoja.
El deber de ejemplaridad de la dama de Baleares es más exigible que el de la señora de “La Pera”.
Los políticos (y aquí incluyo a las políticas) en el ejercicio de su cargo, tienen algunas ventajas y también algunas limitaciones, pero cuando se les pilla con el carrito del helado – es decir, trincando – tienden a lamentar que se les trate como al resto de las personas sospechosas de haber delinquido.
La Presidenta del Parlamento Balear, que antes de declarar ante el juez repartió besos y sonrisas entre sus fans y después hizo una declaración a los medios sin permitir preguntas, se quejó de que “los políticos tenían la pena añadida del telediario”.
Esa pena del telediario la tienen todos los que son noticia – incluida La Pantoja- y cuando alguien es llamado a declarar por un presunto delito de corrupción, si además es cargo público, es lógico que salga en los informativos.
En esta epidemia de casos de corrupción que se extienden por toda la geografía nacional, autonómica y política, la presunción de inocencia a la que tenemos derecho todos los ciudadanos también ampara a los políticos, pero no deben exigir ningún otro trato de favor.
El día que los partidos políticos suspendan cautelarmente a todos sus militantes y cargos públicos que aparezcan imputados en casos de corrupción y no se empeñen en defenderlos a capa y espada la gente empezará a creer más en ellos,
el precio de la paz social
Zapatero está encantado con los sindicatos con los que mantiene las reglas de juego de un matrimonio de conveniencia.
Hay razones para el divorcio, pero a ambas partes le conviene mantener las apariencias de pareja estable y cumplir con los compromisos prematrimoniales que firmaron.
En plena crisis económica, con más de 4 millones de parados, una recesión que avanza después de cinco trimestres consecutivos de contracción del PIB, y con el dato angustioso para 2 millones de españoles que malviven con una pensión de 421 € al mes, los únicos que no padecen penurias son los sindicatos, a los que no les importa hacer de mantenida mientras arrecia el temporal entre los parados.
El Presidente del gobierno, del que no se puede esperar una mala palabra, pero tampoco una buena acción, les ha agradecido a los “funcionarios” que lideran la UGY y CC OO, “el temple, la cordura y la responsabilidad de mantener un clima de paz social durante la crisis economica”, y le ha dicho que nunca olvidará esta actitud.
De hecho, para que no se le olvide les ha prometido iniciativas para dotar de mayor representatividad institucional a las fuerzas sindicales: es decir más dinero y más sillones para la mamandurria.
Zapatero lo tiene claro: a él no le montan una huelga general los sindicatos como hicieron con Felipe González y con José María Aznar, cueste lo que cueste, pero eso lo tiene fácil porque esos sindicatos no son aquellos ni él se asemeja a los anteriores Presidentes de Gobierno.
Aquellos sindicatos le plantaron cara al propio Felipe González y consiguieron que el 14 de diciembre de 1988 secundaran la huelga general que habían convocado UGT y Comisiones Obreras 11 millones de personas.
La única televisión que había se fue a negro y la gente supo que aquello iba en serio. Después de aquello hubo otras cuatro huelgas contra el gobierno socialista, y un par más contra el de José María Aznar.
Personalmente coincido en que en estos momentos no arreglaría nada una huelga general, pero un poco más de presión al gobierno – en vez de tanta connivencia – y de colaboración con los generadores de empleo que son los pequeños y medianos empresarios en la salida de la crisis, sería lo mínimo que habría que exigirle a los sindicatos.
El precio que pagan los gobernantes por gobernar es dejarse jirones en el empeño, por eso de Zapatero no hay nada que esperar.
es el poder no la ideología
Una de las ovejas negras de la familia de los Castro es la hermana de los dos dictadores cubanos que en 1964 engrosó la lista de los desertores y exiliados que llegaban a Miami.
Activista en contra del régimen que impusieron sus hermanos en la isla y colaboradora de la CIA, Juanita Castro a sus 76 años no ha conseguido que crean o la quieran ni los suyos ni los que odian lo que representa su familia. Sin embargo a su edad ya no espera casi nada de nadie y menos de Fidel y Raúl que tanto mal han hecho a su país y a sus gentes.
En las memorias que ha publicado dice, entre otras cosas, que Fidel nunca fue comunista, pero que prefirió aliarse con la URSS en vez de con los Estados Unidos porque así nunca tendría que convocar elecciones democráticas.
No era la ideología sino el ansia de poder lo que marcó la historia de la isla caribeña, aunque si no nos podemos estupendos podríamos decir, salvando las distancias, que casi nunca es la ideología la base de las acciones políticas, sino el pretexto para la acción política.
La garantía para evitar la perversión está en el propio sistema democrático y en la posibilidad de que haya alternancia en el poder.
Las dictaduras como las de Castro en Cuba o la de Chávez en Venezuela (sí, Chávez es un dictador de facto) no entienden de derechos humanos ni de disidencia política, porque necesitan dos tipos de ciudadanos: los afectos al régimen y los encarcelados o exiliados.
El poder une, el poder corrompe y el poder deteriora la capacidad ética de quién está mucho tiempo en él. Por eso es bueno estar alerta, también en democracia, para que nadie se perpetúe.
Cada día tiene su afán, que decía el escritor de la Biblia, pero algunos nos empeñamos en complicar un poco más el devenir de las horas y casi los minutos hasta convertir el tiempo en una competición en la que el que cree que gana porque hace más cosas, pierde la percepción y el disfrute de haberlas hecho.
Nadie escarmienta en cabeza ajena ni se angustia con el temor de los otros, pero cuando estás en el umbral de cagarla te das cuenta, aunque sea por un instante, de que se te está escapando la oportunidad de rectificar tu forma de vida que te está llevando a la muerte.
Solo hay que leer los periódicos de cada día, que son el relato de lo que en realidad ocurre en el mundo, para reafirmase en la idea de que no tenemos remedio porque nadie hace nada por rebajar la tensión.
Las palabras, que nunca fueron ni serán inocentes, están preñadas de agresividad, reproche y maledicencia, hasta el extremo de que imagino que sólo pueden ser felices los malvados, que son los que disfrutan alimentando la tensión y los malos rollos.
En una sociedad como la que nos ha tocado vivir imagino que a los que nunca les va a faltar trabajo va a ser a los médicos y al mundo sanitario en general. No hay cuerpo ni mente que aguante tanta tensión. Te lo digo yo que hace unos días me ha dado un “marichalar” del que, por ahora, parece que he salido con bien.
No me lo puedo de creer, que diría el clásico, pero por más que presuman de modernos en Brasil, un país que es casi un continente, que está creciendo en época de crisis internacional por encima del 5% de su PIB, que va a organizar un mundial de fútbol y una olimpiada, y que cada año celebra los carnavales más espectaculares del mundo, los extremeños son más avanzados que ellos en educación sexual, y a las pruebas me remito.
Los responsables de una universidad de Sao Paulo han expulsado de sus aulas a una estudiante, alegando que había provocado escándalo inaceptable al asistir a clases con cortísimas minifaldas y una “actitud provocadora”, de la que se quejaron incluso de sus propios compañeros. ¡ Vaya panda de maricones¡)
La estudiante de Turismo, que se llama Geysi Villa Nova Arruda, fue grabada por sus compañeros en actitudes provocadoras y esas imágenes fueron colgadas en You Tube lo que multiplicó el escándalo de quienes las veían una y otra vez.
Por extraño que parezca esta noticia se ha publicado como cierta en varios medios de comunicación e imagino que a estas alturas ya la habrán leído en El Consejo de la Juventud y la Consejería de Igualdad y Empleo de la Junta de Extremadura que son los que han impulsado una campaña de educación afectivo-sexual orientada a jóvenes de entre 14 y 17.
En este proyecto han invertido 14.000 euros y lo que hacen los monitores es enseñarles a los alumnos a que se den placer a si mismos. Dicho de otra forma les doctoran en el arte de la masturbación.
No sé si estos chavales de Extremadura tendrán trabajo, o si serán excelentes en alguna arte que les haga salir de la tristeza que provoca el paro y la escasez de horizontes de futuro, pero lo que es seguro es que si ven a una brasileña, u otra mujer de distinta latitud geográfica, en minifalda, no tendrán duda del valor intrínseco y extrínseco que proyecta. Gracias a estos cursos de educación afectivo-sexual, sabrán dar cumplida cuenta de sus posibilidades por sí mismos y sin ayuda de nadie.
No sé cuanto habría costado invitar a Geysi Villa Nova Arruda a que viniese a Mérida para hacer de profesora. Todos habrían sido más felices: ella, porque aquí habría sido aplaudida ( no sé si con dos manos) y ellos porque habrían aprendido mejor el objeto del curso.
El grupo que popularizó esta canción en los años ochenta, Objetivo Birmania, fue premonitorio, porque aunque en aquel disco se daba carta de naturaleza al lío entre amigas de unas y amigos de otras, se estaba describiendo lo que en el ámbito del aprovechamiento sucede cuando se es demasiado cercano a alguien.
Cuenta Joaquín Leguina - hombre honesto y sabio, austero en sus usos y costumbres, usuario del transporte público cuando era Presidente de la Comunidad de Madrid, novelista de sueños envenenados e intelectualmente crítico de la sinsustancia gubernamental imperante – que Enrique Sarasola, amigo declarado y ya fallecido de Felipe González, le fue a visitar a su despacho de la Puerta del Sol diciéndole que venía de parte del inquilino de la Moncloa para que le concediese una prebenda.
Leguina que conocía a los personajes y que estaba de vuelta de más de un conflicto, no en vano le pilló el golpe de Pinochet en Chile, levantó el teléfono y le ordenó a su secretaria que le pusiese con el despacho del Presidente de Gobierno, lo que provocó que Sarasola le dijese que no era necesario que hiciese esa llamada, con lo que el favor que venía a pedir no fue necesario hacérselo.
Siempre he pensado que, con demasiada frecuencia, se utiliza el nombre de algún dios en vano, y es muy probable que una legión de aprovechados obtenga importantes beneficios exhibiendo relaciones privilegiadas que nadie comprueba si son verdad, pero en el patio de vecindad en el que se mueve la corrupción que nos desborda, hay demasiados amigos de nuestras amigas que son nuestros amigos.
La relación, que sería interminable, solo se ve superada por la desvergüenza de quienes no se cortan un pelo a la hora de colocar a los suyos colgados de la mamandurria del presupuesto público.
Lo del Juan Guerra es no solo historia sino una anécdota ridícula comparada con lo que ocurre en la actualidad, sobre todo porque parece que hay demasiados políticos aficionados a colocar a su familia.
Carod Rovira y su hermano el embajador de la nada, Maragall y el suyo el muñidor de casi todo, o la santa esposa del Presidente del gobierno catalán que ostenta 11 cargos en distintas empresas públicas y privadas, aunque se han apresurado a decir que no cobra de todos aunque sí influye desde todos, son algunos ejemplos nada ejemplares de lo que pasa en este país.
Ignoro de quien es familiar Francisco Correa o el Bigotes, o si Agag fue antes amigo que yerno, pero lo que sí es cierto es que o eres de los suyos o no tienes nada que hacer.
Para parecer honesto hoy en día hay que ser huérfano.
garzón, juez y parte
Me piden un breve artículo sobre el juez Baltasar Garzón para la revista de información política MÁS, y me plantean que elija si es un héroe o un villano.
No he sabido responder con tanta precisión, pero ésto es lo que les he dicho:
“ El dilema no es si es un héroe o un villano porque los dos calificativos son insuficientes para definir o contextualizar a Baltasar Garzón, un juez que todo lo ha hecho a lo grande.
Es justo decir que Garzón – aunque no siempre ha sido todas estas cosas al mismo tiempo – es o ha sido un valiente, arriesgado y contumaz, servidor de la justicia, al que se le ha ido quedando pequeño casi todo y ha necesitado pasar por el ejecutivo y el legislativo para volver al judicial y así justificar su absoluto desprecio a la división de poderes.
Ha sido justiciero contra ETA y vengador (¿o vengativo?) contra quienes dejaron de sus amigos en el gobierno socialista. Ha tenido un criterio selectivo para perseguir el delito porque ha hecho una instrucción a la medida de sus intereses. Nunca dudó que merecía el premio Nóbel de la paz ni imaginó a nadie con más méritos que él para presidir el Tribunal Penal Internacional: las grandes causas eran las suyas y cuando no pudo sentar en el banquillo ni a Pinochet ni a los gobernantes de Tel Aviv se empeñó en juzgar y condenar a Franco del que no tenia noticia de que había muerto
Es una pena que haya acabado en lo que hoy es porque está cuestionado como juez incluso por los suyos y, aunque no le condenen nunca por prevaricación, ojalá que no ocurra nunca, ha dejado en el camino kilos de credibilidad e independencia.”