Idos o iros, pero no jodáis más.

lanza

No sé si España produce un efecto llamada a lo peor de lo que chapotea en la mierda por el resto del mundo o si los nacidos aquí, que son similares a ellos,  se han constituido en una oenegé para acogerlos, pero el número de gentuza indeseable que vienen a nuestro país y se quedan asociados a movimientos violentos o generadores de odio,  empieza a ser preocupante.

Alguien les ha contado que basta con desgreñarse, ponerse algún pearcing en salva sea la parte o asociarse a un movimiento okupa subvencionado por un ayuntamiento que valore la condición de desclasado del tipejo en cuestión, para que vengan a hacer aquí lo que no tuvieron huevos en hacer en su país de origen, donde celebran habérselos quitado de en medio.

Estoy hablando del indecente Rodrigo Lanza, ciudadano chileno que en el tiempo que lleva en España bajo el paraguas, la simpatía y el apoyo  de gente de Podemos y Barcelona en Común  ha dejado a un guardia de seguridad parapléjico  y ha asesinado a otro ciudadano porque discutió con él al verle que llevaban unos tirantes  con la bandera de España.

El pieza en cuestión,  que ha contado con la simpatía de algunos medios de comunicación que le entrevistaron después de su primera fechoría, aparece en videos anunciando que se vengaría por haber estado en la cárcel sin motivo, ya que por lo visto para él agredir o asesinar no es razón suficiente  para que le encierren.

Una cosa es que España sea un lugar de acogida a refugiados, que es algo que nos dignifica como sociedad porque la solidaridad es un signo  de justicia y humanidad, y otra muy distinta es que lo peor de cada casa de otros países vengan aquí a delinquir o a asociarse con quienes más nos odian, porque para eso nos bastan los nacionales que quieren destruir su propio país.

Me faltan datos, para poder aportarlos en este relato de hechos, sobre cuántos ciudadanos de otros países que delinquen en el nuestro son expulsados fuera de nuestras fronteras  con prohibición de que regresen, una vez que cumplen su condena por los delitos que han cometido, pero me malicio que la justicia  española no es muy rigurosa en la adopción de este tipo de medidas previstas en la ley.

Es cierto que otros ciudadanos que han venido  a España y que cada día trabajan por romperla, solo nos odian con la palabra y por eso no son objeto de sanción, aunque si de mi desprecio. A estos, sea una monja o el segundo de Ada Colau, les deseo de todo corazón que, como diría Serrat, dejen de joder con la pelota y regresen pronto al lugar del que nunca debieron salir.

 

 

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