Mariposas de cristal

Mariposas

 

Natalia Ortega es capaz de escribir con palabras bonitas y  un estilo depurado las mayores atrocidades que el alma humana pueda soportar, porque el cuerpo lo aguanta todo  y es capaz de cicatrizar sus propias heridas pero la mente  guarda por un tiempo indefinido, que a veces tiene vocación de eternidad,  las huellas de un maltrato o un abuso infantil.

Anoche terminé la lectura de “Mariposas de cristal”, un libro imprescindible que lleva por subtítulo “Cuando el abuso infantil deja de ser un secreto”, y he necesitado que transcurran unas horas antes de reflexionar sobre su contenido porque no se trata de una novela de ficción sino de un ensayo de la cruda realidad  que viven en silencio los menores que son abusados por quienes deberían ser sus protectores.

Podría parecer una contradicción si afirmo que me ha gustado el libro y al mismo tiempo me ha dejado mal cuerpo, pero esa posibilidad es real cuando la autora escribe con bellas palabras acciones sucias que repugnan a la conciencia de las buenas gentes, y es tan consciente del efecto que provoca que no se ahorra los testimonios más duras de las víctimas.

“No hacía falta que me tapara la boca cada vez que me violaba. Su mirada sucia me callaba”

“Tenía un aspecto sucio y su barriga siempre le  colgaba por encima del cinturón. No se cuidaba nada. Tengo grabado su olor a puros y a alcohol”.

Frases como éstas suenan como puñetazos en la conciencia de cualquier persona capaz de quitarse la venda de los ojos y saber que existen abusadores  en miles de hogares, en los que hay menores  sufriéndolos,  sin que nadie les proteja.

Natalia Ortega de Pablo, es psicóloga, y terapeuta experta en tratamiento de menores abusados, pero también es madre y tiene a una hija preciosa, Carlota, que padece una discapacidad que le impide hablar y esa limitación la convertiría en alguien más indefensa aun ante un supuesto como el que ella trata en este libro.

“Mariposas de cristal” ( saralejandria ediciones)  es un  libro valiente, arriesgado y absolutamente necesario para que los padres se sumerjan en sus páginas y descubran cómo proteger a sus hijos de los posibles abusos sexuales de personas mayores que, por su cercanía familiar o profesoral ,  jamás despiertan sospecha.

El drama prolongado en el tiempo  y  de descubrimiento tardío de esas situaciones que sufren a veces los menores mientras se preguntan “¿ porque no está aquí y ahora mi madre para ayudarme?”, está contado con la crudeza necesaria para que al lector,  sea hombre o mujer, se le remueva la conciencia, se le atraganten las palabras y reaccione a tiempo.

Su lectura es imprescindible para padres, profesores, psicólogos, jueces y público en general, porque conviene estar alerta a los signos de  petición de ayuda silente que a veces lanzan los menores que no entienden cómo no hay nadie que se dé cuenta a tiempo de su drama .

Natalia Ortega ha descubierto su vocación de escritora. Se ha inoculado con el virus de la literatura y no va a curarse de esa adicción.

 

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