Cuenta lo que es

Claus Relatius

 

La crónica que he leído esta mañana comienza con la siguiente frase: “Claas Relotius, ilustre redactor del prestigioso semanario Der Spiegel, era un timador”,   y para quien quiera conocer la fuente que estoy usando, les dejo al final de este texto un enlace a la información del Diario El País, en la que podrán encontrar todos los detalles de su indecorosa historia.

El tal Relotius a sus 33 años había recibido numerosos premios por lo bien que hacía su trabajo hasta que un free lancer español descubrió que su colega escribía con más fantasía que rigor, y no es que el rubio teutón adornase sus reportajes periodísticos con  una especial imaginación a la hora de describir el escenario de los hechos o el estado de animo de sus interlocutores, sino que simplemente se lo inventaba todo, citaba a testigos inexistentes y ponía en sus bocas frases que jamás pronunciaron.

El Semanario Der Spiegel publicó un número especial pidiendo perdón a los lectores,  con una portada roja  y grandes letras blancas en la que se podía leer el principio en el que siempre han basado su trabajo ; “Cuenta lo que es”.

Una vez más desde Alemania nos llega una información relativa a cómo tratan allí a los tramposos ya sean políticos, médicos, profesores o periodistas, porque la sociedad está protegida contra los que cometen el peor de todos los fraudes, que no es el económico sino la prostitución de la verdad.

En cambio en este país de nuestras pasiones y disgustos  la mentira sirve como mercancía de todo uso para  los políticos  e incluso también para los periodistas, que a veces  destrozan la verdad sin que tengan la mínima sanción social. Nadie les hace pagar por ese pecado  y persisten en él  con la insensibilidad de quien perpetra  un abuso protegido por la impunidad de su  oficio.

La trampa que usan algunos  consiste en mezclar la opinión con la información dando por mercancía de calidad lo que solo es un rumor no contrastado o un deseo disfrazado de noticia.

Hace años que murió la vieja e imprescindible práctica periodística de confirmar un dato por varias fuentes diferentes antes de publicarlo con todas las garantías como cierto y aunque, como diría una dama de la canción “ya sé que no se estila”,  yo sigo añorando esos tiempos en los que podías guardarte una exclusiva durante horas,  sin miedo a que te la pisara nadie,  hasta tener la certidumbre de que tu fuente informativa no te la había metido doblada.

No hace falta haber estudiado en Harvard  para saber que la verdad  es la primera víctima cuando la información contrastada se sustituye por la fórmula de la tertulia que en España se ha convertido en una charleta gritona en la que participan algunos periodistas serios y otros que o no lo son o directamente se comportan como  mamporreros mediáticos al servicio de una ideología de derechas o de izquierdas, que de todo hay en esta viña olvidada del Señor.

 

https://elpais.com/elpais/2019/02/12/eps/1549973689_120344.html

 

 

 

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