el día que cataluña sea independiente

Los que bien conocen a José Luis Carod Rovira afirman que es un hombre culto y cordial, y no tengo ninguna duda al respecto. Lo que no dicen de él es que es un político intolerante y sectario que padece la enfermedad del nacionalismo. Cuando digo enfermedad me refiero a una anomalía que convierte en rival – por no decir enemigo- a todo aquel que no hable su mismo idioma o tenga su misma bandera. La condición de nacionalista es una forma de ser que sólo se explica mediante el ombliguismo y se justifica en el victimismo, en la denuncia de agresiones que no existen y en la certeza de que los demás son inferiores, por eso el nacionalismo es una suerte de fascismo. El día que los nacionalistas consiguen sus objetivos – la independencia – en ese momento comienzan una nueva y ansiosa búsqueda del enemigo interior, consistente en hacerle la vida imposible a quienes no son “suficientemente nacionalistas” “algo tibios” o “demasiado tolerantes con los otros”. Convertir en políticamente correcto lo que interesa a los nacionalistas cuando gobiernan significa satanizar cualquier conducta que no coincida con la filosofía o los símbolos del poder. Uniformar las mentes y marcar las pautas de conducta de los ciudadanos es el objetivo, por eso quienes se significan fuera de esas normas acaban por ser considerados ciudadanos de segunda y ven cómo sus derechos son limitados. Es cierto – y en España tenemos la experiencia de mas de 2O años de gobiernos nacionalistas en el país Vasco – que a todo se acostumbra uno, porque el miedo a ser distinto, cuando lo que prima es ser de la tribu, o el coste social y económico que supone oponerse intelectualmente a formar parte de la manada, obliga con frecuencia a aceptar formar parte del paisaje, engrosar las filas de las mayorías silenciosas, o exiliarse. El viajero compulsivo a costa del presupuesto que viene de España, Carod Rovira, dice que si el dictamen del Tribunal Constitucional en relación al estatuto es negativo, Cataluña deberá plantearse si quiere seguir en España. Como frase no está mal, como declaración de intenciones está aun mejor, pero como dibujo de lo que sería el futuro independiente de Cataluña, es preocupante… para los catalanes.

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