la prensa del poder

Si algo define la naturaleza de la prensa y de los medios de comunicación en general, es su independencia, su vocación de defender con objetividad los hechos y la honesta y difícil pretensión de acercarse a la verdad.

Pero lo que realmente ayuda a que estos objetivos de la prensa libre en una democracia se cumplan es la pluralidad de los medios que cubren todo el abanico de posiciones sociales, políticas, económicas, empresariales e incluso religiosas de una sociedad.

Gracias a ello los ciudadanos puede formarse una opinión personal después de leer distintos enfoques y puntos de vista de la realidad que cuentan los periódicos.

Pues bien, todo esto es una paparrucha si hablamos de Cataluña. Allí, en el oasis donde nunca pasa nada y donde la prensa se la coge con papel de fumar cada vez que trata algo relacionado con el poder, los poderosos y sus familiares, no hay riesgo de que ningún periódico incomode a quienes mandan y reparten la tarta de la publicidad institucional.

Ser periodista en Cataluña es ser un profesional de lo políticamente correcto, y por eso es muy difícil encontrar en las hemerotecas lo que en la calle era y es un clamor de denuncias por las irregularidades que han cometido los jefes del cotarro político y sus familiares, antes y ahora. Para enterarse de lo que ocurre en Cataluña con frecuencia hay que leer la prensa de Madrid.

En este contexto de irregularidad profesional no es extraño que los editores de los periódicos catalanes hayan escrito un editorial conjunto  defendiendo la tesis de que “ si el tribunal Constitucional se atreve a modificar una coma del estatuto, atentará contra la dignidad de Cataluña”.

La sociedad catalana es plural, y no todos piensan igual. De hecho el referéndum del estatuto lo votaron menos del 50% de los ciudadanos. El pensamiento único es una de las cosas más alejadas de la realidad de Cataluña, pero algunos nos quieren hacer creer lo contrario. Quieren que creamos que el rebaño ha sustituido a la ciudadanía

La unanimidad editorial de toda la prensa catalana es todo un síntoma de cómo se puede renunciar a la dignidad profesional para defender la dignidad de los que mandan.

Mal rollo, pero allá ellos.

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