sexo sin riesgo

Monika Lewinsky ha cumplido 39 años, ha engordado, lleva gafas de miope, no tiene pareja y tampoco encuentra trabajo, porque le persigue la etiqueta de “la becaria del Bill Clinton”.
Hay errores que se pagan durante toda la vida y tener un lío con alguien demasiado importante puede traer consecuencias irreparables, por eso lo aconsejable es elegir para los encuentros furtivos amorosos o simplemente sexuales a gente que no implique riesgo directo ni indirecto. Eso es lo que aconsejan los distintos informes que sesudos o aparentes expertos sexólogos cuando analizan la tendencia irrefrenable – según ellos –de la infidelidad femenina, aunque en el caso de Lewinsky fue al revés,
La escritora de origen judío Diane Shader Smith dice que el 68% de las mujeres afirman que serían infieles sin supiesen que no iban a ser descubiertas, y que a pesar de ese riesgo el 54% de las casadas lo son.
Estos estudios son tan imaginativos y poco rigurosos como le plazca al autor del texto, aunque no por ello dejan de reflejar una realidad social difícilmente medible aunque fácilmente constatable sin más barómetro que el de la observación.
Pero regreso a la historia de la señorita Lewinsky que es noticia estos días porque ha decidido hacer una segunda versión de su libro Monica’s Story, y por más que se empeña no encuentra editor porque, diecisiete años después de la famosa felación con huellas en su vestido, los secretos de su relación con el ex Presidente Demócrata han dejado de interesar al público norteamericano. Allí la gente es más exigente pero menos morbosa que en nuestro país.
Si Mónika Lewinsky hubiese sido becaria en España, en estos momentos se forraría contándolo todo de su supuesta relación íntima con un Presidente de nuestro país, porque donde nosotros vivimos la casquería de las camas propias y ajenas se cotiza como ningún otro lugar del mundo. Aquí las historias que cualquier persona normal guardaría para sí se utilizan para hacer caja.
Vivimos con balcones a la calle y las cámaras de televisión enfrente grabándolo todo y con permiso de los afectados. Pero no conviene olvidar que la discreción es la mayor garantía para evitarse disgustos porque luego los que cobran son los despechados con sed de venganza.

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