el vicio solitario

10234315-un-libro-abierto-y-gafas-sobre-la-mesaConfieso que a lo largo de mi vida he trabajado de negro literario en más de una ocasión y, cual meretriz de la tecla, siempre lo he hecho por dinero. Cuando he visto publicado con otra firma lo que yo habia escrito, he sabido que aquello no me pertenecía, porque el que paga se convierte en propietario de lo que le has vendido. La casualidad o la necesidad te llevan a hacer cosas como ésas, y siempre sabes distinguir entre lo que escribes por placer y lo que perpetras por hambre.
De hecho no he ganado mucho dinero con mis novelas porque para triunfar en la literatura además de ser un buen relator de historias tienes que conseguir que tus libros sean tratados con mimo por los editores, y no siempre ocurre así porque unas veces no dan a basto para querer de la misma forma a todos sus hijos, y otras no se enteran de lo que tienen entre sus manos. No obstante el vicio de escribir te lleva a no dejar que pase un solo día sin hacerlo, porque cada mañana, desde antes de que salga el sol y cada atardecer después de que se pone, siempre hay un momento para disfrutar de ese placer.
Mi amigo Pepe Oneto, acostumbra a decir que si el orgasmo masculino durase media hora…se sabría. Él, como buen y riguroso periodista que tiende casi siempre a confirmar los datos por varias fuentes antes de publicar alguna noticia como cierta, proclama esa convicción basando su argumento en una teoría muy simple: hay placeres que aunque se disfruten en solitario jamás permanecen en el anonimato, porque el hombre, por naturaleza, tiene la necesidad de exhibir sus logros y dar noticia pública de sus éxitos personales.
A veces pienso que escribir narrativa o poesía es lo más parecido a ese tipo de placeres privados, porque no hace falta que se enteren los demás de lo que estás haciendo para que sientas una inmensa satisfacción, solo superada por el momento en el que acabas teniendo lectores que participan de tus mismas sensaciones.
La crisis nos está robando muchas cosas importantes, entre otras la posibilidad de publicar todos los libros que estamos escribiendo, pero lo que jamás nos hurtará serán las ganas por contar historias, entre veraces e inventadas, que son capaces de apasionarnos.
Tengo en el cajón virtual de mi ordenador una novela que, aunque sea póstuma, alguna vez se publicará, y llevo un tiempo escribiendo otra que que me hace revivir historias que creí olvidadas pero que resucitan una y otra vez cuando menos lo deseas o imaginas. Este verano daré buena cuenta de ella porque el privilegio que tenemos los que no servimos para otra cosa es el de vivir cuantas vidas queramos imaginarnos.

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