el semáforo de los tontos

image El verano es un tiempo raro para casi todo el mundo porque es una temporada en la que sabes cómo empieza pero no tienes ninguna garantía de cómo puede acabar, y si no que se lo pregunten a quienes acaban con sus más prójimos como el Rosario de la Aurora porque, al no estar acostumbrados convivir tantas horas seguidas y tantos días juntos, descubren que no existen razones para seguir formando pareja cuando llega el mes de septiembre. De esto no sé si saben mucho, pero escriben bastante los psicólogos y sus primos los sociólogos.
Pero esto que cuento, no porque esté seguro que sucede sino porque es lo que publican por estas fechas todos los años los periódicos, podría ser una de esas serpientes de verano, que es la noticia con la que nos quieren sorprender cuando no saben cómo ni con qué rellenar las páginas de los diarios. Lo que sí es cierto, y si alguien me lo discute estoy dispuesto a mantener la polémica, es que durante el estío, especialmente en agosto, en los pueblos y ciudades de España, se abren al mismo tiempo los semáforos para que pasen los tontos, y todos estamos obligados a cederles el paso al tiempo que las autoridades protegen la prioridad que les asiste.
Resulta sorprendente que suceda algo tan extraño , pero todo tiene una explicación. Los tontos con poder también disfrutan de unas merecidas vacaciones y, como no pueden dejar el chiringuito sin nadie que cuide de él, dejan a un sustituto que generalmente ha sido elegido a la medida de su jefe con lo que a veces, sin pretenderlo, lo superan en estupidez.
Alguien se preguntará por qué divago hoy más de lo que es habitual en mí, y les diré que lo hago porque prefiero sumarme a la ausencia de temas de interés que nos acompaña en este mes, en el que sólo Pedrojotaramirez sigue tirando del hilo de la madeja que le ha vendido un residente en la cárcel de Soto del Real.
Imagino que mañana El Mundo sacará las facturas de los preservativos que compraban con dinero B los directivos de Génova, y por supuesto la de los tampax y los tubos de vaginesil de Maria Dolores de Cospedal y otras jefas del partido.
Es evidente que la metáfora es una figura literaria más interesante que el lenguaje directo que estoy empleando, pero cuando se abre en agosto el semáforo para que pasen los tontos, vale cualquier alternativa gramatical para explicarse.

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