algunas diferencias

image Más de una vez me he preguntado qué es lo que lleva a algunas personas a militar en la izquierda y cuáles son las razones que conducen a otros a afiliarse a un partido de derechas. No me estoy refiriendo a quienes simpatizan con una u otra opción política sino a los que llevan el carné entre los dientes, pagan una cuota, asisten a reuniones y actos, se manifiestan con banderas rojas o azules, y como haría Belén Esteban por su hija, están dispuestos a matar por los de su cuerda.
Alguien pensará que lo hacen por razones ideológicas – y en muchos casos es así – pero lo que yo me huelo es que llevan algo en su ADN que les conduce a comportarse gregariamente y con cierto automatismo cada vez que lo exige el libro de instrucciones de su grupo politico. Menos mal que en España son más numerosos los hombres y mujeres que, cuando se levantan por las mañanas respiran algo de aire fresco, se sienten libres, echan a andar y no tienen predeterminado qué es lo que van a decir o a pensar sobre los asuntos que surjan, porque prefieren reflexionarlo en vez de repetir la consigna que les hacen llegar los suyos.
Pero salvo esto es evidente que hay diferencias notables entre unos y otros. La Izquierda tiene a su secta y la derecha a su parroquia. Los primeros jamás traicionan a los suyos y los otros disfrutan jugando a Cain. Los que se llaman progresistas saben odiar en grupo y los conservadores son selectivos a la hora de decidir a quien quieren asesinar políticamente.
También caracteriza a los primeros un mayor índice de mediocridad, por aquello de que como dicen proceder de la clase menos pudiente han tenido menos oportunidades para prosperar fuera de la organización. El concepto de “lo público ” lo entienden como una forma de sobrevivir a base de subvenciones gracias al dinero de todos, que según una ex ministra “no es de nadie”, mientras que la derecha piensa que cuando más pequeño sea ese sector más oportunidades tendrán de ganar dinero y dar pelotazos.
En tratándose de meter la mano en la caja, ninguno de ellos saldría sin mácula si tuviesen que pasar por un escaner que midiese la honorabilidad o ponderase la desvergüenza. Lo único que les distingue es la región geográfica en la que ejercen o el origen de la cantidad que roban. Luego se intercambian insultos con la boca pequeña porque saben que “entre colegas, no hay que hacerse mucho daño”.
Por lo que hace referencia a las estupideces que profieren están bastante igualados, aunque aquí son especialistas en meter la pata hasta el corvejón los lenguaraces conservadores, que últimamente le ha echado la culpa a los padres de la desnutrición de sus hijos, y a los que no tienen para comer de que se atrevan a gastarse dinero en la utilización de Internet.
Estas tonterías se pegan, y por eso yo no milito en ningún partido político ni tengo hipotecado mi voto con nadie.

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3 comentarios en “algunas diferencias

  1. No creo en el “amor” o ideología sin contraprestaciones, a la hora de militar en un partido político si de esos, con el carnet en la boca. Entre los errores que a lo largo de mis más de 60 años de vida que haya podido cometer, el que más me pesa, es el haber sido militante en un partido y no digo el nombre porque todavía, siento vergüenza de haber ayudado desinteresadamente a tantos inútiles, tríleros, sectarios, chorizos, mentirosos y desleales donde los haya es decir, que no me lo perdonaré nunca de echo, llevo tres legislaturas sin votar y lo que me queda será en el mismo sentido…”que les den por donde más duela”….

  2. Diego, por una vez voy a ser crítico conmigo mismo.
    Llevo militando en el PP del orden de 15 años, más alguna ayuda anterior, y sólo formo parte del Comité de Dirección de la sede del distrito de Tetuán (Madrid). Por tanto, no he ido nunca a Génova, ni he visto más que a algún consejero, Aguirre o incluso Rajoy, en algúnacto electoral.
    Sí te puedo contar que en el PP es más común de lo que crees que cuando no se “cumple” con lo prometido, sobre todo en temas sociales (la economía, pese a todo, no es decisivo a la hora de salir o entrar en un Partido o sindicato), la militancia o los “amigos externos” dejen de votar al PP. LA ventaja (o no) es que esos votos suelen ir a la abstención o en pequeña cantidades de pequeños partidos. Mira en Andalucía: el PP dejó de recibir casi medio millón de supuestos pperos, y esto llevo a la izquierda de nuevo al poder.
    El PSOE suele tener mucha más variación de votos, a veces de millones de ellos, pero tienen la alternativa de los nacionalismos o la izquierda más auténtica y echada al monte. Pocos se resisten a quedarse en casa si tienen una forma de evitar que la derecha llegue al poder.
    Feliz fin de semana.

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