asunta basterra

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Es cierto que me gusta fabular. En el fondo es a eso a lo que me dedico desde hace muchos años, porque incluso cuando trabajaba de reportero o de cronista buscaba siempre una forma imaginativa de relatar lo que había visto como testigo o escuchado como curioso de lo que ocurría.
A veces me sorprendo a mi mismo inventándose la vida de un hombre o una mujer desconocidos para mi a los que observo en la terraza de un bar o en la consulta de un médico. Pergeño historias que nunca son vulgares pero que siempre tienen un componente de pasión o de tragedia, porque jamás dibujo la vida de los demás como sí fuese algo que no merece la pena. No creo que haya nadie absolutamente gris y ni siquiera la vida de los suicidas es merecedora de no ser vivida sin ese final.
A veces pienso en las mentes de las personas más despreciables, que han merecido ese calificativo por sus actos reprobables, y me empeño en intentar comprender por qué cometieron delitos tan reprobables, y siempre llego a la conclusión de que dentro de cada ser humano hay una mitad buena y otra terrorífica que aflora cuando se produce un desorden cerebral, más allá de la locura, aunque no lo parezca.
Hoy, aunque sea fugazmente, quiero imaginarme a una niña china adoptada por un matrimonio gallego de clase acomodada y un nivel cultural suficiente, que vivió pensando que había tenido suerte en su vida aunque pronto descubrió que sólo había sido un mal sueño. Lo peor de esa niña que, de haberse quedado en su país tal vez hubiera muerto de pobreza o de enfermedad o quién sabe si aún viviría militando en las juventudes del Partido Comunista, es que pudo comprender a tiempo que sus padres no la querían y temió que le pasará lo que finalmente le sucedió.
No sé si Asunta, le ocurrió lo que me pasa a mí, que tengo la manía de imaginarme como son los demás, pero si en su singular inteligencia lo llegó a descubrir, es posible que no hubiese sido necesario que nadie la matase porque se habría muerto de pena.

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2 comentarios en “asunta basterra

  1. Parece que mi querida tierra cerca de aquí, Santiago de Compostela, este año nadie habla de su Catedral ni de sus preciosas calles; La trejedia del Tren, y ahora esta criaturita asesinada, llenan las hojas de los Diarios, unos en plan informativo y otros con saña, por aquello de: nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, me callo sobre quienes o quien cometieron tan horrendo y cruel asesinato, ya vamos con la 1ºanomalía, llegaba sedada al colegio, inmediatamente se lo digo a la Policía y por mi propia cuenta indago, esa ” madre ” o no tiene corazón o se pasaría llorando día y noche, no adelantemos los acontecimientos, que hagan lo que hagan, se terminará descubriendo la verdad, mientras tanto D E P niña querida.

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