incapaces de pedir perdón

image ETA siempre supo usar el lenguaje a su conveniencia para no llamar a las cosas por su nombre.
A los asesinatos le llamaron “lucha armada”, a los secuestros “detenciones”, al chantaje “impuesto revolucionario”, y al intento por convertir el país vasco en un estado marxista leninista ” lucha por la liberación de Euskalerria”.
Pues bien, en eso del lenguaje no han cambiado,y ahora al reconocer mediante un comunicación del colectivo de presos el daño causado a las víctimas de su terrorismo y pedir que el Estado aplique medidas de flexibilización y de gracia que les permita salir de la cárcel, no pueden evitar referirse a ” la represión carcelaria” al hecho de que se consideran “rehenes del Estado español y francés ” y afirman que ” lo que nos trajo a prisión fue la lucha por la libertad política y social de nuestro pueblo”.
Es un empeño inútil pedirles que digan algo tan sencillo como ” hemos asesinado a cientos de personas inocentes, pedimos perdón a sus familiares, estamos dispuestos a reparar en lo posible el daño causado, reconocemos nuestra culpa y aceptamos como justo el castigo impuesto por los tribunales de justicia, pedimos a nuestros compañeros de ETA que se disuelvan y entreguen las armas, y esperamos que la sociedad española y su Estado sean generosos y nos permitan regresar a nuestras casas”.
Es evidente que algo así no lo dirán jamás , pero tampoco deberían esperar que el fin del terrorismo en España se visualice como un triunfo de los que mataron y una derrota de los que sufrieron.
El Estado español y sus instituciones han dado numerosos pasos que han favorecido intereses particulares de algunos terroristas excarcelados, ha hecho la vista gorda sobre algunos asesinos que han huido, ha acercado presos, ha interpretado favorablemente algunas normas, se ha apresurado en aplicar la recomendación de Estrasburgo sobre la doctrina Parot, y ha pasado por alto algún chivatazo como el del bar Faisán, mientras que las víctimas del terrorismo se mordían las uñas de dolor e indignación.
El fin del terrorismo tiene estas cosas, que no siempre son explicadas por cobardía de los gobiernos, y casi siempre con el paso del tiempo, son asumidas por generosidad de las víctimas. Sin embargo hay algo que no deberíamos contemplar en silencio y con resignación, y es la salida triunfal y obscena de asesinos que sonríen convencidos de que mereció la pena matar a policías, guardias civiles, ertxainas, militares, concelajes, jueces, fiscales, hombres, mujeres y niños, porque al final les salió barato.
Los delitos se cometen no sólo contra las personas sino también contra la sociedad porque a la víctima se la destroza pero a la sociedad se la aterroriza y al final, si las cosas suceden como ellos pretenden, también se la humilla.

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