el arte de casarse bien

image Ayer los telediarios de varios países abrieron sus informativos con la noticia de la imputación la hija del Rey por un supuesto delito de blanqueo de dinero y delito fiscal y hoy sigue siendo información de interés destacado en casi todos los periódicos . La noticia merece muchas consideraciones pero, como leo que la van a hacer los demás y casi todos coinciden en lo mismo, yo voy a fijarme más que en el supuesto delito en lo que considero que es el origen de sus males.
La infanta Cristina tuvo un día tonto cuando decidió tirarle los tejos a Iñaki Urdangarin, como lo tuvieron sus otros hermanos que se creyeron que era verdad el cuento de la Cenicienta versión siglo XXI. Esto es algo que también ha ocurrido en otras monarquías europeas donde un tal Haakon se casó con una tal Mette, pensando que no pasaba nada si la futura reina de los noruegos antes había sido una señora con mucha menos moral que El Alcoyano.
Es evidente que en asunto de braguetas rápidas o de bragas caídas no seré yo el que señale con el dedo a nadie, porque ése es un tema que, al menos en este país, provoca más envidia que escándalo, pero el asunto que nos ocupa tiene que ver con el desacierto de casarse con aficionados en vez de con profesionales cuando el consorte principal es de familia dinástica, porque sólo ellos saben cómo , dónde y con qué discreción hay que hacer algunas cosas.
Los reyes y sus deudos se cuidan muy mucho de no meter la mano y de paso la pata en sus respectivas naciones, que para eso está la tradicional amistad con los países árabes o con las colonias asiáticas y de allende otros mares, según se trate de la monarquía de la que estemos hablando. Sólo en la Edad Media los monarcas abusaban de sus súbditos y exprimían sus bienes y haciendas, pero con el advenimiento de la modernidad que trajo la revolución francesa – que comenzó por abolir a golpe de guillotina la monarquía – en otros pagos tomaron nota y supieron que era mejor aceptar unas reglas de juego que les permitiesen reinar sin gobernar.
Eso sólo lo entienden los que son del oficio y no los advenedizos,que generalmente son unos desclasados sorprendidos de lo fácil que resulta decirle a alguien ” usted no sabe con quién está hablando” y que a ese alguien se le aflojen los esfínteres.
No sé si es verdad todo lo que se cuenta de lo que ha ocurrido y sucede con algunos de los consortes empotrados en la familia real, pero si algo malo les acaba sucediendo a los Reyes de aquí o de allá será por haber contaminado su dinastía en un intento de querer ser como los demás, cuando lo que les hace singulares es el misterio y no la cercanía.
Hay expertos vaticanistas que sostienen que desde que los Papas abandonaron la Plaza de San Pedro y les dio por viajar por el mundo deterioraron y hicieron más frágil la figura del jefe de la cristiandad.
Eso que se dice que ” todos somos iguales pero unos son más iguales que otros” deberían tenerlo en cuenta quienes se dedican a este asunto de reinar para elegir bien con quién se casan.

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2 comentarios en “el arte de casarse bien

  1. No nos llamemos a engaño la monarquía borbónica española a lo largo de toda su historia excepción hecha de Carlos III dentro de lo menos malo, ha sido siempre un desastre evidentemente para ellos no……pero si para la nación ….

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