el jefe de la tribu

image Ha muerto Manu Leguineche, un personaje de los que en el futuro no existirán, porque pertenecía a una generación y a una raza que ya no se reproduce. Mi amigo Juan Cabrera cuando me lo contó ayer me dijo :” Yo me hice periodista porque quería parecerme a él” y no me extrañó que ése fuese su impulso porque no conozco a nadie de la gente de mi generación que no lo admirase.
Aprendió este oficio de guerra en guerra, desde Vietnam al Líbano, pasando por Bangladesh, Camboya, Afganistán, Las Malvinas, Nicaragua y cien sitios más. Eso le curtió, porque en este trabajo uno se hace hombre siendo testigo de desgracias ajenas, y lo soporta llorando para dentro, bebiendo whisqui o bourbon – los combinados son puras mariconadas – y durmiendo en distintas camas. Por eso en los últimos años de su vida se sorprendía de que los periodistas de hoy sólo bebían agua y que las noticias de lo que pasa en las guerras, se conocen a través de notas de prensa oficiales del bando que va ganando.
Su pasión era su curiosidad y su vida vivir muchas vidas. Tal vez por eso Manu supo muy pronto que la suya tenía que aprender a vivirla en soledad, aunque tuviese muchos amigos y no pocas novias, porque estaba persuadido que el oficio de reportero no admite más compromiso que el de buscar cada día, y cada noche la verdad que otros quieren ocultar, y esa forma de vida sólo la soporta, a duras penas, quién se empeña en ser un rompepelotas.
De hecho Manu Leguineche, aunque se definió a sí mismo como “un tío tímido y asustadizo, con excesivo sentido del ridículo”, fue un rebelde con causa, un vasco tierno, generoso, solidario que aprendió este oficio, y el de escritor, de Miguel Delibes y supo enseñarlo a los que tuvieron la suerte de trabajar con él.
Escribió cuarenta libros y para algunos de ellos se retiró a vivir a Brihuega y, en verano, a Garrucha. La salud le jugó malas pasadas pero él seguía pensando que no había mejor invento que la vida.
Disfrutó viajando y escribiéndolo, y Seix Barrall le éditó no pocas de sus obras, entre ellas ” El club de los faltos de cariño”, en el que se agarra a sus recuerdos y acredita que su experiencia vivida le convirtió en un sabio.
Fue el jefe de la tribu y ese título no se lo regaló nadie. Lo ganó por mérito propio y merece estar escrito en su epitafio.
Descansa en paz, maestro.

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3 comentarios en “el jefe de la tribu

  1. Yo no lo recuerdo, pero lamento su muerte por ser amigo tuyo, y ya sabemos aquello de: cúando un amigo se va….no lo voy a hacer más largo, en propia piel , perdí una amiga , hace un año, y sé cómo te puedes sentir, un pésame para tí y un D E P Manu Leguineche

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