usureros

image Hace unos días fui a hacer un ingreso en metálico en una cuenta corriente y el cajero del banco me informó que me cobraba una comisión por darles dinero, que por supuesto no pagué ni hice el ingreso porque yo a los bancos no les doy ni agua, y si la gente hiciese lo mismo tendría que venir nuevamente la troica a rescatarlos, aunque imagino que como no se lo pidiesen a su santa madre, nadie vendría en su ayuda.
Sé que mi desahogo no tiene más valor que el de quedarme en mi paz después de haberme acordado de varias generaciones de su parentela, pero muchas veces me he preguntado por qué somos esclavos voluntarios de un negocio de usureros y aprovechados que jamás hacen nada a cambio de nada, ni siquiera cuando dicen apoyar a una causa solidaria a través de sus fundaciones que no son sino unas tapaderas para no pagar impuestos a Hacienda.
Hace unos días se ha dado por concluido oficialmente el rescate bancario que supuso 41.000 millones de euros para sanear las cuentas y los balances de unas entidades que habían especulado con el ladrillo y necesitaban que alguien les tapase sus vergüenzas. Con esta noticia Olli Renh, responsable de asuntos económicos y monetarios de la Comisión Europea da por recuperada la solvencia bancaria y manifiesta su esperanza de que los banqueros no vuelvan a actuar de forma irresponsable. Sin embargo, uno de los principales objetivos del rescate, recuperar la fluidez del crédito hacia pequeñas y medianas empresas y particulares, no se ha logrado y en 2013, los préstamos a esos colectivos cayeron más de un 12% respecto al año anterior.
Esos miles de millones de euros deben ser devueltos pero además los bancos que ha sido el sector más beneficiado de este periodo de crisis tienen la obligación moral de ayudar a que los que hemos sufrido sus consecuencias con mayor dureza empecemos a ver cómo fluye el crédito condiciones asumibles. Claro que hablar de moral y de banqueros es una contradicción en sus propios términos que sólo conduce al cabreo o a la melancolía.
Aquí sólo criticamos a los políticos – que son amigos de los banqueros – pero no hay una exigencia a quienes no han variado sus métodos de recaudación leonina y demuestran una total ausencia de sentido social. La desvergüenza es la seña de identidad de quienes desahucian, tienen miles de viviendas cerradas, se ponen sueldos e indemnizaciones astronómicas, contratan a ex políticos fracasados pero bien relacionados, y se enriquecen a costa de los que cada día tienen menos porque se les recorta más.
Éste es un país dual, con dos clases de ciudadanos : los sinvergüenzas y los que los padecemos.

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