fin de la cita

imageLo de la ley de propiedad intelectual y la lucha contra la piratería reclamada por músicos y literatos parece que va a salir adelante y que se va a perseguir a quienes jueguen con los derechos de autor, porque el esfuerzo que unos dedicamos a escribir libros y otros a hacer discos, casi nunca están compensados económicamente. Pero hoy no quiero hablar de este asunto sino de otro que colinda con él y que tiene para mí suma importancia porque a veces quienes ejecutan la injusticia a la que me refiero, no sólo evitan citar al autor del dato fundamental que están utilizando en su libro, sino que sin ningún pudor se atribuyen a sí mismos el mérito de haberlo conocido de primera mano.
Joaquín Leguina por quien siento simpatía personal, me hizo el favor de presentar junto con Algredo Urdaci, mi libro “El PSOE en llamas” en noviembre del 2011, y allí yo conté la historia de cómo y por qué Carmen Chacón fue nombrada ministra de Defensa, dato que conocí a través de un amigo de uno de los presentes en aquella reunión y que relato en las páginas 267 y 268 de mi libro. Allí cuento la conversación entre Miguel Barroso , marido de Carmen Chacón, José Blanco y Javier de Paz en la que al conocer que Zapatero quería nombrar como jefa de los militares a una mujer y que había pensado en Elena Salgado, deciden convencer al presidente de que se decante por Carmen Chacón con el sólido argumento de que es joven, catalana y está embarazada.
Hoy descubro que Leguina en el libro que acaba de publicar ” Historia de un despropósito : Zapatero el gran organizador de derrotas”, cuenta esta historia dos años y medio después de haberla publicado yo atribuyéndose a sí mismo el conocimiento directo de cómo sucedió .
Alguno dirá “¿ y qué más da, si tampoco es para tanto? Y yo retóricamente respondo: Citar las fuentes es una prueba de rigor. Citar al autor que te contó esa significativa y frívola manera de actuar de ZP en temas de trascendencia es elegante. Atribuirse a sí mismo una autoría de algo que sabe que corresponde a otro, no es bonito.
Yo cuando documento un libro siempre cito las fuentes y no le resto el mérito a quienes fueron los primeros en investigar datos que luego me sirven a mi, aunque eso debe ser porque yo valoro el esfuerzo y el trabajo de campo que hay que hacer cuando se escribe una novela o un ensayo.
Ahora que estoy acabando de escribir estas reflexiones pienso que podía haberme callado y haber dejado pasar algo así , pero creo que no es malo de suyo poner el dedo donde sea menester para decir que no es oro todo lo que reluce en las cosas que a veces contamos. Es mucho más digno poner de vez en cuando “fin de la cita”.

L

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