rubalcaba el incombustible

imageLa primera pregunta que me hice ayer cuando escuché a Rubalcaba decir que se iba, pero que se quedaba todavía un ratito más, fue ¿qué tendrá en su cabeza para seguir mandando porque éste no es de los que se va a su casa?
Es Doctor en Ciencias Químicas y posee plaza de profesor en la Universidad Complutense, y su vida hace tiempo que la tiene resuelta, pero lo suyo es la política, el poder, la intriga y la satisfacción de haber sabido durante muchos años que siempre hubo alguien que le tuvo miedo. Su asignatura pendiente fue mandar siempre mucho más, y cada vez que uno de sus jefes le decía que “tenía una cabeza privilegiada” en vez de sentirse halagado “se cagaba en toos sus muertos”, porque le señalaba como el colaborador imprescindible para seguir siendo siempre el número dos y ese elogio es como cuando una mujer le dice a un hombre “eres maravilloso pero te quiero solo como amigo”.
Al final tuvo su oportunidad y Alfredo Pérez Rubalcaba lo ha intentado pero no ha asido posible, y no me refiero a que se haya esforzado en hacer las cosas bien para que su partido recuperase el electorado y tuviese solo un mal recuerdo de la debacle a la que le llevó el final de etapa de Zapatero, sino a que él siempre soñó con ser el número del PSOE y Presidente del gobierno pero … no estaba de Dios.
Heredar un gran fracaso electoral y gestionarlo adecuadamente no es tarea fácil y ése es un trabajo para gente más osada y menos preparada, que además no tenga pasado y que sea fotogénico. Rubalcaba ha sido bueno en hacer grandes estrategias para sus jefes, en manejar su indiscutible influencia en los medios de comunicación personalmente y a través de su comando de periodistas afines y en controlar algunas cañerías del Estado. Su virtud fue la comunicación de forma que lo que él decía pareciese verdad aunque fuese mentira, pero todas esas cualidades no le han servido cuando el número uno era él.
Durante estos años como Secretario General del PSOE ha tenido más enemigos dentro que fuera de su partido y por primera vez ha sido timorato, se ha rodeado de gente poco brillante, ha aguantado demasiados pulsos sin dar jamás un puñetazo en la mesa y ha aparecido como un político débil e inseguro, algo que ante nunca lo fue.
Sin embargo yo me sigo haciendo la misma pregunta ¿qué tendrá en este momento en su cabeza? Porque Alfredo no se piensa ir sin más a su casa y tampoco piensa hacerlo sin arreglar alguna cuenta pendiente.

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