el oficio de periodista

caddy-adzuba--644x362La periodista congoleña Caddy Adzuba ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia por su lucha pacífica contra la violencia que afecta a las mujeres, la pobreza y la discriminación, a través de una labor arriesgada y generosa. En su país miles de mujeres son agredidas sexualmente y se ha calculado que en el periodo 2006-2007, sufrieron vejaciones más de 400.000 mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 49 años. Por denunciar estos hechos ha sido amenazada de muerte y perseguida.
Esto del periodismo en algunos sitios es complicado y ya sabemos que ser enviado especial a zonas de conflicto gusta menos, porque antes el riesgo era el de recibir una bala perdida, pero ahora lo más probable es que te secuestren o te decapiten.
Siempre se ha dicho que el periodismo es una profesión de alto riesgo, y la explicación inicial a este aserto tenía que ver fundamentalmente con la mala vida que llevaban los plumillas que por lo general trabajaban jornadas inacabables, dormían poco, fumaban y bebían mucho, cobraban sueldos indignos y se creaban muchos enemigos porque, si eran honestos, denunciaban los excesos de los poderosos.
Ahora las cosas han cambiado y, también por lo general, hay periodistas que la única incomodidad que pueden sufrir en el ejercicio de su trabajo, es que el Presidente de gobierno o el líder de la oposición no le inviten a la copa de Navidad, porque todo lo demás lo tienen garantizado si saben cómo mantener el favor de los poderosos.
El resto de los colegas, que no están en esa situación de privilegio, aunque les encantaría, se distribuyen entre los que se han ido al puñetero paro y lampan a duras penas por conseguir una colaboración mal pagada, los que corren detrás de los famosos con un micrófono en la mano para preguntarles alguna chorrada a la que lógicamente nunca contestan, y los que se han montado por su cuenta algún proyecto de comunicación especializada para ver si consiguen sobrevivir.
Ahora todo el riesgo de esta profesión está en que Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, le diga a una periodista “¡Váyase usted a la mierda!” – eso sí, en catalán que suena más fino -, o que dejen de llamarte de alguna tertulia si no te has portado bien, lo que comparado con los verdaderos peligros que asumen muchos de nuestros colegas en países en los que no hay garantías ni libertad y en los que están encarcelados sin juicio, no es nada.

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