la imagen y la realidad.

Boyer

La muerte de Miguel Boyer ha ofrecido la oportunidad a algunos que no le conocieron para resumir su vida con dos palabras : Rumasa e Isabel Presley. Estos dos datos son rigurosamente ciertos, porque consiguió volver loco a Ruiz Mateos al expropiarle sus empresas y bancos, y retiró a Isabel Presley de su carrera de coleccionar ex maridos.
Lo conocí personalmente y le traté durante un par de años en las reuniones periódicas que organizaba la Fundación ICO de la que él era patrono. Hasta entonces tenía de él la imagen distante e incompleta, pero aquellas reuniones en las que conversamos sobre temas de política, de economía, de relaciones internacionales, de historia y de arte, me hicieron descubrir a un personaje sumamente interesante, culto, tolerante y ocurrente. Con esto no quiero decir que no fuese un hombre público que cometiera errores a lo largo de su vida, pero sí que era algo muy distinto al estereotipo que teníamos de él a través de los medios de comunicación.
Me atrajo intelectualmente de él su capacidad para disentir incluso de sí mismo y la tranquilidad con la que se replanteaba su presente y su futuro, porque el pasado lo asumía con naturalidad pero no le ataba. Fue muy criticado, incluso por los suyos, cuando se alejó del Partido Socialista en el que había militado desde los años sesenta, y por ello había sufrido cárcel durante el franquismo, pero supo ejercer su libertad también al decir adiós.
Cuento esto porque hay quienes dicen que la primera impresión es la buena, pero yo creo que resulta más justo esperar a conocer en las distancias cortas a las personas para sacar una conclusión acertada.
Yo me he equivocado más de una vez cuando me he precipitado con la gente y también ha ocurrido conmigo. Hace años, Manuel Hernández León y yo (uno de los dos fotógrafos de la Agencia EFE que hizo las famosas fotos del 23 F cuando Tejero asaltó el congreso de los diputados . E l otro fue Manuel Pérez Barriopedro), coincidimos en un viaje de los Reyes de Canadá, y una noche entre copas y risas me dijo .”Me alegro de haberte tratado personalmente, porque la imagen que tenía de ti era la de un tío distante y prepotente, pero ahora veo que es al contrario”. Desde entonces somos amigos, pero antes eran solo dos colegas que apenas nos conocíamos, porque nos habíamos dejado llevar por la primera sensación.

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