sensaciones / la piel a través de la palabra

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Durante el pasado mes de agosto escribí 31 artículos en mi blog,bajo el epígrafe “Sensaciones”, y creo que es bueno – o al menos a mí me apetece – regresar de vez en cuando a ese camino de confidencias íntimas, que es algo que todo el mundo entiende, al margen de ideologías.
Existe un espacio común para la cercanía y la coincidencia en el que circulan con naturalidad las sensaciones que llegan a la piel a través de las palabras, y por eso gente de cualquier país o condición puede sentir como muy cercano lo que otro le dice desde la lejanía. Ese es el éxito de las novelas que son traducidas a otros idiomas porque la palabra hablada y escrita no conocen fronteras.
Hay gente que es capaz de llorar con una historia que le ha sucedido a alguien a quien no conoce, reír con un relato que cuenta una persona que tal vez no tenga tanta gracia o excitarse con una descripción de una situación soñada por un autor que jamás te ha tocado. Alguien dijo que quienes escribimos historias tenemos la ventaja de que no se nos ve venir y conseguimos llegar a donde nadie nos ha autorizado previamente, porque la palabra no pide permiso pero se acerca de una forma mucho más intensa y eficaz que una caricia.
Como he contado hace unos días, estoy acabado de escribir una novela que más de una vez me he planteado firmar con un pseudónimo porque me deja en evidencia y tal vez perturbe a alguien, pero lo cierto es que estoy persuadido, y así lo vengo haciendo desde hace treinta años que empecé a publicar, que la autocensura o la ocultación es una forma intolerable de cobardía por lo que descubriré finalmente mi verdadera personalidad y echaré a perder la fama de hombre sensato y de orden, que algunos que no me conocen bien, me atribuyen.
Siempre me he preguntado qué hay detrás de la apariencia exterior de las personas a las que vemos en nuestro entorno o por la calle, y con frecuencia me respondo que nadie es al cien por ciento como parece ser. Ni los serios son tan serios, ni los honrados tan honrados, ni los moralistas tan santos, si los superficiales tan poco profundos. Todos guardamos en lo más intimo de nuestro ser nuestra otra personalidad, y todos somos susceptibles de vivir algún día esa otra vida que mantenemos oculta y que incluso algunos desconocen que existe.
Yo me siento feliz por cada sonrisa, cada lágrima o cada calentón que hayan provocado en los demás, mis palabras escritas o habladas.

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