sonría y no se amargue

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Pepe, sé sincero conmigo ¿es verdad que las rubias somos tontas?
Afirmativo.
No te andes con rodeos, por favor. Dímelo.

Líbreme Dios de pensar tamaña tontería, e incluso  de incurrir en tal contradicción, porque tengo cierta debilidad por las rubias sin que ello signifique que no me gusten las morenas, pero reconocerán conmigo que incluso los tópicos pueden servir para provocar una sonrisa, y en estos tiempos absurdos en los que va desapareciendo la gente simpática mientras que aparecen a borbotones por todas las esquinas tipos con caras de amargados que predicen que nos ahogaremos en mierda salvo que lleguen ellos a salvarnos, es muy saludable hacerles de vez en cuando un corte de mangas y echarnos unas risas.
Hace unos días, alguien que me hace el honor de leer mis artículos desde otro país, me preguntó si aquí en España todos nos hemos convertidos en jueces de los demás, porque da la sensación de que tenemos una solución para cada uno de los problemas que nos aquejan, como si los malos fuesen ellos y nosotros los impolutos.
Eso me hizo pensar que no hay un solo ciudadano en este país que no señale con el dedo acusador a alguien, porque cada uno de nosotros desde nuestra atalaya oteamos el horizonte y sólo vemos corruptos, sinvergüenzas e hijos de colipoterras.

Si esto fuese cierto estaríamos de enhorabuena porque eso significaría que en España la escoria está residenciada sólo en nuestros políticos ya que todos los demás somos gente de acreditada decencia.
Es evidente que esa descripción es incierta, y la gente que más ruido hace condenando a los demás no está libre de pecado, porque sólo hay que echar un vistazo a los periódicos para comprobar la de maltratadores de mujeres, asesinos de sus hijos, pedófilos, atracadores asesinos, defraudadores de Hacienda, estafadores, y aprovechados que van a las televisiones a mentir cobrando, para constatar que la porquería se reparte de una forma bastante proporcionada.
Lo malo es que con estas palabras yo también estoy haciendo de juez, asi que volveré al tópico y relataré otro sucedido.

Una mujer gallega en el lecho de muerte le dice a su marido
Pepiño, ahora que me estoy muriendo, dime ¿ Me engañaste alguna vez?
Y el marido le responde
¿Y si no te mueres?

Nota: el copyright de estos chistes corresponde a mis amigos Antonio Casado y Fernando Ónega.

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4 comentarios en “sonría y no se amargue

  1. Dicen nuestros políticos, sociólogos etc. para justificar las diferencias naturales, que forman parte de los genes de todos los españoles creo yo que fruto de la mezcla de todos los pueblos que pasando por nuestro sagrado solar, unos pasaron arrasando otros llegaron ocuparon y se quedaron y a otros terminamos echándolos en una palabra la mezcolanza de un buen numero de razas y culturas que para bien o para mal nos ha hecho tal y como somos. Haciendo uso de la retranca gallega el chiste que comentas, no viene sino a demostrar un rasgo inherente en el gallego/a que lleva incrustado en sus genes que es ni más ni menos, que cuando a un gallego se le hace una pregunta, este siempre te responderá, con otra pregunta antes de responderte que en principio descoloca al preguntador dando le tiempo al gallego a pensar concienzudamente para responder. A mi me gustaría, que el Sr. Rajoy tuviera ese rasgo innato del gallego pero una de dos o no es gallego de pura cepa a es una de esas siete clases de gallegos que dicen que hay pero que yo dudo de ellas o eres gallego o no lo eres y me creo, que Rajoy no lo es. Pido disculpas por mi atrevimiento por eso de decir, que hay siete clases de gallegos porque mucho me temo, que el gallego por ese animo emprendedores y buenos trabajadores que también tenemos (ejem. ejem. vagos hay en todas partes) no dudo en hacer suya aquella frase tan famosa de D. Miguel de Unamuno que pronuncio el 13 de mayo de 1904, mientras participaba en la tertulia que el gallego D. Ramón María del Valle-Inclán presidía en el Nuevo Café de Levante, Don Pío sorprendió a todos los presentes con una definición de las distintas clases de españoles, que se ha convertido en clásica:

    “La verdad es que en España hay siete clases de españoles… Sí, como los siete pecados capitales:

    los que no saben;
    los que no quieren saber;
    los que odian el saber;
    los que sufren por no saber;
    los que aparentan que saben;
    los que triunfan sin saber,
    los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos se llaman a sí mismos políticos y a veces hasta intelectuales”.

    Pues bien en mi humilde opinión si todos los españoles que se definen como diferentes entre si, sin dejar de lado, que algunas diferencias si hay dependiendo de la región de nacimiento de cada uno, asumieran como los gallegos, que en sus ancestros también hay siete clases, seguramente estaríamos todos a la par y las diferencias, serían mínimas y menos traumáticas.

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