el encubridor

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Ayer, un buen amigo con el que estaba jugando al golf, me preguntó que si yo creía que echarían pronto al arzobispo de Granada, y no me sorprendió su curiosidad porque,aunque ni él ni yo somos muy aficionados a los asuntos de la cristiandad, sí somos sensibles a las injusticias.

El prelado se llama Francisco García Martínez, y leo que ha ido sembrando la polémica allá por donde ha sentado sus reales, no porque sea un ultraconservador, que es una condición que se da en todos los estamentos sociales y en particular en la Iglesia, sino porque es un personaje que hace de su capa un sayo y se la suda lo que digan los demás porque considera que solo él toma decisiones acertadas. Sin embargo está bajo sospecha de ser un encubridor de pederastas.

En su diócesis de Granada se ha dado el mayor escándalo de abusos sexuales del clero en España en el que parece que están implicados 10 religiosos y dos seglares, que han sido apartados de sus funciones tras la intervención del Papa. De ellos tres son curas, sobre los que pesa la acusación de ser los autores de los abusos. Otros siete religiosos y dos seglares serían los encubridores.

El asunto es lo suficientemente grave como para que lo destituyan porque un personaje como éste es de los que no renuncia salvo que lo echen a latigazos como Cristo a los mercaderes del templo. Lo primero que ha hecho el Papa ha sido obligar a que los abusadores dejen de ejercer sus funciones en la Iglesia y se les ha denunciado ante la justicia de los hombres para que paguen por sus delitos. Si el abuso de menores es algo que repugna a cualquier conciencia , cuando quienes realizan esas prácticas son sacerdotes o religiosos es más vomitivo aun.

No escribo casi nunca sobre temas relacionados con la Iglesia. Creo que la última vez que lo hice fue cuando salió elegido Papa el cardenal Bergoglio porque me pareció un acontecimiento de dimensiones insospechadas, como luego se ha venido demostrando, pero hoy regreso para analizar el asunto del arzobispo de Granada desde un punto de vista no religioso sino simplemente social.

Los hombres y mujeres que se dedican a trabajar en la Iglesia son ciudadanos sujetos a las leyes civiles, además de las que se han dado a si mismos dentro de la organización a la que pertenecen. Cuando los detenidos sean juzgados y, si se demuestra su culpabilidad , condenados se habrá hecho la justicia de los hombres que a veces es lenta , pero la justicia de la Iglesia debería ser mucho más rápida porque es exigible que sea más ejemplar.

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