políticos, edificios y putas

gabo

“Los políticos, los edificios  y las putas se vuelven respetables si llegan a ser suficientemente viejos”.

Esta frase genial pertenece a uno de los diálogos de la película Chinatown, dirigida por Roman Polanski, y refleja una doble realidad: el tiempo convierte en desmemoria los malos recuerdos y la vejez reviste de anécdota amable los pecados de juventud.

Yo creo que esa es la razón por la que los homenajes a los políticos se les hacen cuando llevan mucho tiempo jubilados, a los edificios antiguos se les restaura para que no dejen de existir como patrimonio, y a la putas que ya no ejercen se les llama madames.

Pero eso no ocurre con todo el mundo porque hay otros que también se hacen viejos pero jamás metabolizan la mala leche que llevan dentro, y hasta el día que la espichan sostienen su batalla de odio contra quien sea menester.

En este país en el que vivimos, los enemigos no tienen nada que ver con una deuda personal sino que les otorgamos esa condición, muchas veces sin conocerlos, por el simple hecho de que piensan de una forma distinta a nosotros y no queremos aceptar que tienen derecho a ser de derechas o de izquierdas sin que esa opción merezca nuestro reproche y mucho menos nuestro odio eterno.

España es un país de gente muy aficionada a enterrar en vida a los enemigos porque necesitamos alimentar permanentemente nuestras ganas de derrotarlos, y eso nos hace perder demasiado un tiempo muy valioso que podríamos dedicar a actividades mentales más provechosas y gratificantes porque, como me reconoció alguien que durante un tiempo dejó de saludarme “el rencor  hace más daño al odiador que al odiado” .

Yo creo que cuando lleguen a viejos algunos de nuestros políticos y ya no sean vistos como enemigos o competidores, les zumbarán menos sus oídos y habrá quien les invitarán una noche a cenar en restaurant de un edificio caduco y le regalará un ejemplar de la novela de Garcia Márquez “Memoria de mis putas tristes”, y en ese momento lo entenderán todo.

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Un comentario en “políticos, edificios y putas

  1. Que quieren que les diga yo no odio a nadie ni deseo que nadie se muera por intención propia todo sea cuando Dios o el destino que viene a ser lo mismo, se los quiera llevar. Dicho esto algunos de nuestros políticos, jueces, banqueros y demás congéneres indeseables en su conjunto, no se merecen llegar a viejos aunque no sea nada más, por el daño que han hecho a más de cuarenta millones de españoles propios y foráneos en especial a esos jueces (con minúscula), que sueltan a criminales con más de mil años de condena … e esos, que Dios me oiga y no pido perdón por ello, que se los lleve cuanto antes eso sí, al infierno directamente….

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