razones personales

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La dimisión del fiscal General del Estado tres años después de haber sido nombrado no es un asunto baladí.
Recurrir al tan manido pretexto de “razones personales” es válido para cuando se dimite de un cargo menor , pero la importancia de la función del máximo responsable del ministerio acusador de un país reclama un explicación convincente entre otras razones porque podría ser que sus motivos tuvieran que ver con un tema trascendente .
No me estoy refiriendo a que Eduardo Torres Dulce hubiera cometido alguna irregularidad sino muy al contrario a la posibilidad de que hubiera colmado el vaso de su paciencia en su relación con el gobierno.
Mientras que no se conozcan las razones que le han llevado a abandonar una función tan importante para un país como España, la especulación estará abierta porque resulta razonable sustituir la falta de explicaciones por una plausible especulación.
No hay que olvidar que el asunto Bárcenas, el asunto de la Infanta Cristina, y el de la querella contra Artur Mas, constituyen tres casos en los que la fiscalía podría haber padecido más de una presión que su titular haya considerado intolerable, especialmente en el caso del Presidente de la Generalitat de Cataluña en el que al gobierno no le gustó nada los aplazamientos y demoras en la interposición de la querella.
El debate sobre la independencia de facto o no del Fiscal General del Estado no está bien resuelto, porque en otros países de acreditados modos democràticos , como por ejemplo los Estados Unidos de América, esta figura la representa directamente el máximo responsable de los asuntos de justicia y es miembro del gobierno.
No obstante es posible que quien ocupa ese cargo tenga razones personales para dimitir, y no hay nada más personal que la propia conciencia. Dimitir es un ejercicio de libertad y de coherencia que no se produce con la naturalidad con la que debería y para mi es muy respetable una decisión así, pero insisto en que en algunos supuestos hay que explicarlos, sí o sí.
Algunos fiscales anteriores , tanto con el PSOE como con el PP, han dejado mucho que desear por su perfil marcadamente partidista.
Yo tengo una opinión favorable a la gestión de Torres Dulce, que ahora regresa a su puesto como fiscal del Tribunal Supremo y puede que recupere su participación como critico cinematográfico. Me da en la nariz que ha dimitido porque ha dicho ¡ Basta!

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Un comentario en “razones personales

  1. En mi humilde opinión nunca debió, aceptar el cargo máxime con lo que se veía venir su carácter profesional, a mi entender, no va con los trapicheos de los políticos y como bien dices lo prefiero como critico cinematográfico…

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