¡vaya año!

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Este que acaba mañana ha sido un año de nombres propios aunque muchos de ellos inapropiados.
Pocas alegrías nos ha traído el 2014 – no hablo de los disfrutes individuales que para algunos habrán sido muchos y significativos – porque aunque el gobierno dice que ha sido el tiempo en el que la crisis ha empezado a abandonarnos, en el camino se han seguido quedando empresas cerradas, proyectos frustrados y gente desempleada. En algunos casos se ha cumplido el drama del naufrago que nada con esfuerzo y cuando está a unos metros de la orilla, le abandonan sus fuerzas y se ahoga antes de llegar a tierra.
También ha sido el año del hartazgo durante el cual han aflorado nuevos casos de corrupción que sumados a los que estaban en trámite judicial han hecho que sintiéramos que todo olía a podrido.
Gente importante que decía ser ejemplar ha aparecido con sus vergüenzas al viento y algunos ciudadanos, que aun creían en algo, se han quedado sin referencias porque se ha derrumbado ante sus ojos un castillo de apariencias
Algunos piensan que hemos tocado fondo y que a partir de este momento solo podemos mejorar, pero yo no lo tengo tan claro porque aunque empezásemos a superar la crisis económica, la crisis moral que padecemos es tan profunda y está tan arraigada que me malicio que tendrán que pasar un pasar de generaciones antes de que levantemos cabeza.
Hoy, por no llenar estas líneas de nombres de personajes que han ocupado las páginas de los periódicos durante este 2014, evito referirme a ellos, pero si alguien ha pensando por un momento que echando a la calle a quienes han perdido nuestra confianza y cambiándolos por otros que tampoco se la merecen se arreglarán las cosas, yerra, porque el mal es endémico y una legión de golfos está a la espera de tener su oportunidad para aprovecharse de la cosa y del dinero público.
El fraude, el engaño, el amiguismo, el tráfico de influencias, la desidia, y el aprovechamiento son monedas de cambio que circulan por la empresa pública y privada, por las actividades más variadas y por la conciencia de quienes están todo el día criticando a los demás.
Estamos hecho de la misma pasta, por mucho que a algunos se les llene la boca diciendo que ellos son distintos.
Yo solo creo en la gente buena que ayuda a los demás, en los investigadores mal pagados que consumen sus años buscando una solución para algo bueno, en los héroes que arriesgan sus vidas, en las personas solidarias que siempre está dispuesta para luchar por una buena causa, y en quienes pierden el sueño sabiendo que hay otros que lo están pasando mal.
¡Claro que hay gente así en este país llamado España!
Tal vez el año que viene recupere algo de confianza en el ser humano, pero en éste que no me esperen.

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Un comentario en “¡vaya año!

  1. Completamente de acuerdo.
    Demasiada arraigada esta corrupción que más que aprendida parece anclada en los genes.
    Feliz entrada de año , y gracias por sus post.
    Espero seguir leyendo el próximo año.

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