sensaciones de desencanto

Tropa

Esta vez llego con retraso a mi cita de año nuevo pero ayer no estaba yo para muchas reflexiones no porque me hubiese sentido perjudicado por ningún exceso, que ya no tengo edad de exageraciones, sino porque mi mente estaba más pallá que pacá , entretenida en asuntos demasiado trascendentes y no era cuestión de empezar el 2015 en pelota picada.
A los que nos dedicamos a este oficio de escribir sensaciones, cuando comienza un año nos da por escribir el guión de lo que creemos que va a suceder y en ocasiones sufrimos tal ataque de realismo que nos sale una historia tan escasamente bonita que preferimos tirar a la basura el papel que hemos escrito o borrarlo de nuestro ordenador porque para agoreros ya están otros profesionales del desencanto.
Consumido el día de ayer, son 364 los que nos quedan por delante y aunque algunos juegan a futurólogos nuestra suerte está escrita en el viento y no es verdad que existan especialistas que sean capaces de leer lo que nos depara este año.
Me decía un amigo que no sabía si este año 2015 iba a ser mejor que el que hemos vivido pero que con seguridad no iba a ser nada aburrido porque la incertidumbre sobre nuestro futuro colectivo nos garantizaba una inquietud suficiente como para que ningún mes deje de sorprendernos.
Cuando don Miguel de Unamuno dijo aquello de “me duele España” no hizo sino expresar un sentimiento que años después le llevaría al conde de Romanones a proclamar a modo de exabrupto su frase “¡Joder, qué tropa!
Solo ha que observar, escuchar y leer lo que dicen algunos dirigentes de este país, su aversión a hacer algo juntos por arreglar las cosas, su obsesión por destruir al adversario y su irresponsabilidad ante el momento que vivimos en España para reafirmarnos en la frase del conde que llegó a presidir fugazmente un gobierno liberal.
Es posible que sea cierto que los andaluces son simpáticos, los castellanos austeros, los catalanes laboriosos y los gallegos prudentes por no seguir definiendo, con palabras cuidadosas para no molestar a nadie , al resto de ciudadanos de un país que practica con entusiasmo y acreditada vocación el “duelo a garrotazos”, tan bien expresado por Goya en uno de sus cuadros que mejor define el alma hispana.
No es verdad que los de hoy sean mejores que los de ayer o que inspiren una nueva esperanza. Están hechos de la misma madera y encima les falta el hervor, el sentido común y la formación de quienes algún día fueron capaces de trabajar juntos por una España mejor, pero sería injusto referirnos a ellos como una excepción, porque han salido de una sociedad que les odia o les jalea y que alimenta una división que no favorece a nadie.
A veces el guión que escribimos no tiene nada que ver con el que nos tocará vivir y ojalá sea así, aunque nunca será tan malo como los que escribieron para la noche vieja los guionistas de las televisiones que agotaron en unas horas los tópicos y el mal gusto.

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