a la caza del disidente

Disientes

Si existe un elemento común que caracteriza a todas las organizaciones políticas ya sean de izquierdas o de derechas es que no soportan la disidencia. Va en su adn perseguirlos hasta su muerte civil. Algunos muertos vivientes que militaron en partidos políticos y fueron infieles a esas organizaciones vagan hoy en día como almas en pena pagando su pecado de infidelidad.
El miedo a pasar por esa situación es la razón por la cual triunfa el silencio sepulcral, que se convierte en cómplice, que acompaña a militantes que están en desacuerdo con alginas cosas que hacen los dirigentes de sus partidos. Si el que se mueve no sale en la foto, el que se va de la lengua corre el riesgo de perderla.
Sin embargo hay quienes dan un paso más y convierten en enemigos a perseguir no ya a sus ex compañeros de partidos sino a los periodistas que se permiten la osadía de criticarlos, y el caso más reciente y palmario es el que ha expresado a través de la redes sociales Pablo Iglesias que ha pedido a sus seguidores que les informen sobre los excesos que cometan Alfonso Rojo, Isabel San Sebastián, Arcadi Espada, Eduardo Inda y otros, según ha publicado “periodista digital”.
Otros partidos políticos hacen lo mismo con mayor sutileza, y consiguen que los periodistas que les resultan molestos no vayan a tertulias o sean relegados en sus redacciones a funciones profesionales en las que no les pueden criticar. Los dos comportamientos son igual de indignos, pero cuando ese tipo de persecuciones sin hace a cara descubierta lo que significa es que si carecen de pudor también están huérfanos de principios y pueden ser capaces de cualquier cosa.
La historia nos dice que en las dictaduras a los disidentes se les provocaba no solo la muerte civil sino también la física.
Hace unos meses el periodista Hermann Tertsch se atrevió a decir lo siguiente: “El señor Monedero y el señor Iglesias, en unas condiciones del año 36, me matarían a mí y matarían a mucha gente sin ningún problema. Y si vuelven las condiciones que ellos consideran necesarias para matar a gente, matarán a gente. Matarán a gente si tienen posibilidad de matar a gente y matarla gratis, porque están con el poder o porque el poder les protege. Matarán a gente por cuestiones políticas, no me cabe la menor duda”.
Evidentemente parece una demasía una opinión como ésta, pero en cualquier caso refleja la teoría de que el disidente merece ser cazado.

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