tristeza por alatriste

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Arturo Pérez Reverte está que fuma en pipa de indio cabreado cada noche que se pone frente al televisor para ver qué han hecho en Telecinco con su Diego Alatriste y Tenorio, porque considera que, en la cadena en la que cabe todo y por cualquier sitio, le han hecho un lifting a su obra de aventuras y no hay manera de que la copia se parezca al original, pero sus desgracias no acaban ahí porque, como aperitivo y para ir preparando al personal que quiera ver la serie, le ponen una buena dosis de Gran Hermano VIPS que es algo así como una sopa de mierda antes de comerte una dorada a la espalda.

Esto de que te hagan una versión televisiva o cinematográfica de una de tus novelas debe ser la leche, pero también cuentan los agraciados que, al ceder y cobrar los derechos de su obra, renuncian a poder blasfemar cuando la ven en pantalla y constatan que aquello es una interpretación libre de lo que escribieron.

Si a eso se suma que en vez de exhibir la película o la serie en un local o una televisión normal, los distribuidores eligen un puticlub de un polígono industrial para que la gente la vea, la blasfemia es una opción que se queda corta y yo lo entiendo porque hay que dedicar muchas horas a escribir una buena novela para que luego alguien la convierta en un producto no respetable.

Debe ser muy jodido ver como teloneros de la versión cinematográfica de una de tus novelas a los VIPS de este país que por desgracia no se parecen en nada a los pícaros y golfos del siglo de oro español, porque aquellos eran de clase baja pero sabían simular, en su conveniencia, comportamientos de más elevada educación a la que habían recibido.

Belén Esteban, Quico Rivera, un señor negro que es famoso porque la tiene muy larga, una señora rubia teñida que ha declarado que le gustaría parecerse a la concejala Olvido Hormigos en materia de promiscuidad sexual, un ex presentador bajito y algo calvo que es famoso porque no soporta que su novio le dejara, y el engañiflas de melena larga color negro zaino que predice el futuro en una televisión por la noches, son los prescriptores indirectos de mi tocayo Alatriste.

Los gritos, los insultos, las zafiedades, los gestos obscenos, y sobre todo la apelación a España para sentirse reforzados, constituyen la identidad del programa estrella de la cadena de la que, si se tira, sale agua.

No me sorprende que en España surjan salvadores entre los sujetos que aprovechan algunas televisiones para vendernos lo que no son. Tal como está el patio tendrían posibilidades de obtener votos para competir con Pablo Iglesias, Errejón y Monedero.

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