antropófagos

cabreado

Hoy no pretendo emular al excelente artículo de Antonio Fragua “Forges” que ayer publiqué en mi blog, porque él en esas líneas describía brillantemente una España que nos duele a quienes amamos nuestro país.No obstante hay un aspecto que me apetece desarrollar y es el de “el odio como identidad”, que es la prueba más palpable de la vacuidad intelectual y moral del que solo justifica su existencia en el deseo del mal de los otros.

Esos personajes que abundan en este país y que han hecho de las redes sociales su campo de entrenamiento para una lucha sin cuartel contra el que piensa de una forma distinta a la suya, son los antropófagos del siglo XXI que creen que van a sobrevivir alimentándose de las vísceras ajenas. No todos son anónimos ni ocultan su identidad detrás de un perfil falso, porque muchos de ellos sienten placer vomitando, y exhiben su incomodidad física sin ningún pudor.

La España mediocre a la que se refería mi admirado Forges, está preñada de odiadores irreductibles a los que esa envenenada pasión les ciega el sentido y les impide reconocer que merece la pena reconocer que el sol sale por las mañana y que cuando llueve la gente se moja.
La ausencia de ideas pretende ser suplida por la abundancia de insultos y la negación de la realidad se interpreta como una equivocación de la propia naturaleza.

En este país para ser alguien hay que ser anti algo y sin matices, porque el que se atreve a reconocer una mínima virtud en el oponente es un traidor a la causa y merece ser desterrado de la tribu. Por eso sólo los valientes son coherentes con lo que piensan y no alquilan su independencia a ninguna organización política, social o religiosa, aunque eso implique el riesgo de ser expulsados del ágora en la que se practica el ostracismo, como en los mejores tiempos de la Grecia de Hiparco.

Para sobrevivir en la España de hoy hay que estar afiliado a algún club de odiadores en el que la gente tiene que ser anti madridista, anticalán, anticatólico, anticapitalista, antisindicalista, antisocialista o anti lo que sea, en vez de proclamarse de Atlético de Madrid, español, ateo, solidario, de Comisiones Obreras, conservador o lo que le venga en gana.

Yo personalmente hace tiempo que decidí no discutir con los sectarios. Me limito a expresar mi opinión por escrito y luego asisto en silencio a las réplicas de quienes piensan lo contario y lo hacen de forma agresiva.

Tal vez esa la razón por la que jamás tuve una úlcera de estómago.

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