Muera la inteligencia. Viva la muerte

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Permítanme que hoy me exprese con una metáfora escatológica.
Los yihadistas que grabaron durante cinco minutos los destrozos que hicieron de decenas de estatuas históricas del Museo de la Civilización de Mosul, son como el tipejo que se graba cagando y se siente orgulloso de su obra.

Para mí el debate no está en si esta gentuza son una panda de asesinos, sino en que son rehenes de la religión que profesan y cómo la interpretan.

Yo soy un persuadido de que los dogmas convierten a los hombres en esclavos y que la religión no debe ser la ley por la que establezcamos nuestras normas sociales de actuación. Los Estados deben ser laicos y las relaciones de cada ciudadano con Dios, si cree en El, tienen que desarrollarse en el plano de la intimidad de su propia conciencia, pero nunca debe imponerse a los demás.

Lamentablemente hay religiones que inspiran la acción política de los hombres, y en las sociedades en las que se practican reina la discriminación, la injusticia y la muerte. Ocurrió con el Cristianismo durante siglos y ahora sucede con el Islam, y no hace falta que los fanáticos criminales del llamado Estado islámico lo acrediten todos los días para reconocer que en países en los que la religión es la Ley del Estado, los derechos y las libertades se ven mermadas.

El pensamiento libre es enriquecedor por más que Millán Astray gritara en la Universidad de Salamanca la frase : ”Muera la inteligencia. Viva la muerte”, a la que Miguel de Unamuno respondió: “El general Millán-Astray es un inválido, como también lo fue Cervantes, pero un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor.”

En todas partes y en todos los instantes de la historia han existido personajes nefastos, y hoy en día vivimos rodeados de algunos de ellos porque lamentablemente a nuestros hijos y nietos no les ha tocado vivir el mejor momento de la historia de la humanidad, pero lo único que podrá salvarnos será la inteligencia, el sentido ético de la vida, la ausencia de fanatismo y la certeza de que nada es cierto, salvo la muerte y la fragilidad de nuestra libertad que podremos perder si no luchamos por ella contra quienes quieren quitárnosla, por la fuerza o el engaño.

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