menos palabras y más hechos

INMIGRAC0

Los muertos en el mar entre Libia e Italia son incontables y la última desgracia en la que han desaparecidos ahogados hombres, mujeres y niños, son asesinatos diferidos cuyos autores, aunque también sean del mismo color de piel son los negreros de siempre, porque nunca han dejado de existir a lo largo de la historia.

Los responsables de la Unión Europea se ponen estupendos a la hora de hacer declaraciones de lamento y condena por las desgracias que sufren los inmigrantes africanos que llegan a la costa del Sur de Europa, pero nadie aborda seriamente este problema.

La miopía de los dirigentes europeos nos va a condenar a todos los ciudadanos de la Unión a situaciones irreparables, porque el mundo civilizado no se ha tomado en serio el drama de millones de africanos que sufren hambre, carecen de libertad, son perseguíos, viven en guerra y huyen como pueden de sus países hacia Europa.

Johannes Hahn, comisario europea de política de vecindad ha icho que desconocemos el número de inmigrantes que mueren en el intento de venir a Europa, pero según cálculos fiables en la actualidad 16 millones de refugiados o desplazados en los vecinos del sur intentan huir de sus países y arriesgan sus vidas y las de sus hijos en el intento.

Huyen de un infierno en el que la guerra, la conculcación de todos los derechos humanos y la desesperanza en un futuro mejor les llevan a ponerse en manos de traficantes de personas (los antiguos negreros) que les cobran cantidades imposibles para luego abandonarlos en el mar.

Europa tiene medios para detectar cuándo, cómo y quiénes organizan estos viajes hacia la muerte de cientos de inmigrantes subsaharianos. No se trata de esperar aquí a las víctimas e intentar ayudarla a su llegada sino que hay que luchar en origen  contra las mafias y ayudar mediante la cooperación internacional al desarrollo de esos países.

La salida de esas barcazas hacia el mar con numerosos y apiñados seres humanos son conocidas por los países de origen, y además existen medios de detección de esos movimientos a través de los satélites.

Es una emergencia humanitaria permanente, pero el problema está en origen y si Europa y todo el mundo desarrollado no reacciona con políticas de cooperación al desarrollo, las víctimas no solo serán ellos y nuestra conciencia, sino también nosotros

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