La brasileña de Granados

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Si digo que me enternece Francisco Granados puede resultar equivoco, porque ese sentimiento de conmiseración no tiene que ver con que sea el Jefe de La Púnica, ni que que esté en la cárcel por habérselo llevado durante años ,crudo y calentito.

Lo que realmente me hace verle como un mediocre es que sea un inexperto en señoras.

Me explicaré.

Las grabaciones policiales que se le hicieron para comprobar con quién hablaba y cómo hacia amaños con su socio Majariza para robar a manos llenas, han descubierto una debilidad muy humana: tenía una amante impaciente e insaciable a la que mantenía.

Como todos los horteras engominados , Francisco Granados, decidió que además de un Mercedes, un chalé con piscina y un montón de pulseras en su muñeca, solo le falta a una brasileña en su cama, porque quería lo mejor, costase lo que fuera, y se creyó que con su pinta había seducido a la señora Cristiane Jucar Guimaraes Pinto, una rubia espectacular de la que solo tengo la foto que aparece en este artículo, pero que por lo que veo,esta de “toma pan y moja”.

Granados se comportó como un clásico en estos asuntos: le dijo que estaba triste, que pensaba abandonar a su mujer, que solo soñaba con ella y, como prueba de su amor le consiguió contratos para una empresa de modelos que tenía la señora y le pagaba tres mil euros al mes para gastos.

Ahora desde la cárcel de Valdemoro imagino que se debate si hacer un vis a vis con su santa o con su amante, y me huelo que va tener que dedicarse al amor solitario porque ninguna de las dos va a querer visitarle.

Yo estoy por enviarle un ejemplar de mi novela – ” El club de las amantes impacientes”- por si encuentra alguna semejanza con el protagonista, porque me malicio que debe estar entrando en barrena psicológica, con la diferencia de que él no puede reencontrarse con sus antiguas amigas, porque el juez no le deja.

Nunca he tenido dudas de que, por muy listos que nos creamos o seamos los hombres, las mujeres, por lo general, vienen de vuelta cuando nosotros llegamos.

Un buen consejo, para los que se creen maduros interesantes, es que además de mirarse al espejo y a la entrepierna con sentido crítico, se miren también la cartera y se pregunten si ligaban tanto como ahora cuando eran más jóvenes y menos ricos o influyentes

Si a eso añadimos que el ex alcalde de Valdemoro no podía disimular su vena macarra, hay que deducir que podía haber sospechado que la señora brasileña le venia grande

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