Cuando una carta llega

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El coronel, de García Márquez, jamás tuvo quien le escribiera, y eso que la carta que inútilmente esperó durante años era una comunicación oficial sobre la concesión de una pensión del gobierno, pero para él era importante un simple papel que acreditase que su país no había olvidado sus servicios prestados a la patria.

Esta novela, considerada como una de las cien mejores obras literarias del siglo XX, refleja el drama de la soledad injusta y la incomunicación desesperada, porque todos necesitamos saber que los demás conocen que existimos.

Vivimos en una época en la que es más habitual el exabrupto que la respuesta amable o la crítica inteligente, y por esa razón han aparecido, a cientos, enemigos invisibles e insultadores compulsivos que vomitan sus diferencias, sin ni siquiera argumentarlas.

Hemos pasado del amargo silencio que genera la indiferencia, al agrio insulto que es hijo del odio. Sin embargo para ser justos son muchos los mensajes que llegan con la gratuidad generosa de quienes intentan ser felices y además evitan amargarle la vida a los demás .

Le confesaré algo. Yo escribo mis artículos y mis libros soñando con la mirada, la sonrisa, el gesto de sorpresa o incluso de enfado de quienes los leen, y salvo en los casos en los que conozco personalmente quienes se interesan por mi literatura, sueño con imaginar ese momento en el que sienten que ha merecido la pena comprarlos y esperan el siguiente.

Hace unos días, una de las lectoras de mi última novela, “El club de las amantes impacientes ‘, a la que no tengo el placer de conocer personalmente .me escribía un comentario en mi página de Facebook deseándome que mejorase de una lumbalgia que yo me había ganado a puro huevo, porque cuando se juega al golf con más fuerza que habilidad suceden esas cosas.

Ella aprovecho para decirme que mi novela le había encantado “por aquello en lo que algunos creemos con los ojos abiertos y una mirada que ve más allá de la simple apariencia, acerca de la ausencia de casualidades y la existencial causalidad en los acontecimientos” y añadia: Tu libro ha llegado a mí en un momento muy “apropiado” a la experiencia vital en la que me encuentro felizmente sumergida”.

Cito esta crítica de mi desconocida amiga Mayte porque es más personal y explícita que un simple “me gusta” y me reconforta constatar, una vez más, que merece la pena escribir sin cadenas en la mente porque es la única fórmula de ser respetado, aunque algunos no lo toleren.

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2 comentarios en “Cuando una carta llega

  1. Como tú muy bien dices, “…escribir sin cadenas en la mente porque es la única fórmula de ser respetado, aunque algunos no lo toleren”.
    Es una frase excelente. Hay poca gente, hoy en día, que escriba, hable o piense con libertad. Algunos no se atreven ni a soñar.
    Te felicito por esta entrada, Diego, y por muchas otras.
    Un saludo,
    Livia
    Livia

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