El Rastro en las redes

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Andaba yo en lo mío cuando he recibido un mensaje privado en Facebook en el que una supuesta amiga, a la que no conozco, me envía un teléfono y un enlace a una web de masajes.

Por un momento pensé que la buena mujer, llena de sentido solidario, se había enterado de que yo, cual penitente en Semana Santa, continuaba postrado a causa de la lumbalgia que tomó posesión de mi cuerpo hace unas semanas, y cuando puse el ratón sobre la dirección web que me recomendaba, la aparición de unas fotos de unas damas en tanga y sujetador me sacaron de mi error.

La amiga invisible que en su muro, en vez de su foto, ha puesto un dibujo de un rostro de mujer difuminado, cuando me pidió que la agregase hace unas semanas, me fijé en su perfil, que es lo que siempre hago, pues no pretendo coleccionar amigos virtuales con los que no tenga alguna coincidencia , y la acepté a regañadientes porque tenía varias imágenes religiosas , y yo me llevo mejor con los que dicen y hacen lo que les da la gana, pero no practican el proselitismo en favor de ninguna causa santa, sindical o política.

Como no soy un desalmado, reconduje rápidamente mi segundo pensamiento, porque el primero fue reconocer que la oferta era bastante profesional, y me dije que en la práctica, en las redes sociales,  todos publicitamos algo, salvo los voyeurs, que nunca escriben nada porque les basta con mirar lo que hacen los demás, y si acaso, luego lo celebran en solitario.

Opino que los que entran en Facebook u otras marcas on line para vender zapatillas, bragas, productos financieros , juguetes eróticos o masajes , le echan mucha cara y poca imaginación al asunto, y deberían currárselo más, ya que el anuncio les sale gratis.

En cambio algunas de las amigas que tengo en esta red social son unas artistas , porque saben qué decir en cada momento y cómo conmover a gente como yo, que somos sensibles al candor, con segundas derivadas.

La inteligencia es el arma más seductora conocida hasta la fecha.

Por cierto, si alguna lengua de doble filo de algún envidioso – porque no existe la acepción femenina de esta horrible palabra – cree que me estoy poniendo de perfil a la hora de criticar a los demás y me olvido de mí mismo, está equivocado .

Yo llevo dos meses hablando, con ocasión o sin ella, de mi novela ” El club de las amantes impacientes”, pero reconoceréis que me lo curro porque además de prescribir una historia inolvidable, casi todos los días cuento otros sucedidos que salen gratis y son más divertidos que el lamento cotidiano de los que hace tiempo renunciaron a divertirse e intentar ser felices .

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