Huyen de la muerte

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Dentro de cada uno de nosotros hay algo de ángel y de demonio , y cuando la insensibilidad por el drama de quienes están siendo masacrados por los señores de la guerra es más fuerte que la compasión por esas víctimas, mostramos nuestro rostro más despreciable.

Estos días han circulado por la redes, con intención de alimentar la xenofobia, imágenes manipuladas y sacadas de contexto sobre refugiados que rechazando comida , supuestamente, porque venía en cajas con el símbolo de la Cruz Roja.

Se ha demostrado que esos alimentos sí se los daban a sus hijos, pero las personas mayores no querian comerlos como protesta porque no les dejaban salir de Hungria, cuyas autoridades, presidida por un ultraderechista Viktor Orbán, se han cubierto de gloria ante el mundo.

La crisis humanitaria de miles de ciudadanos que huyen de la guerra, no es parangonable en urgencia con la que sufren las personas que quieren emigran a otros países para acceder a una vida con más posibilidades que en los suyos.

No es lo mismo un emigrante que un refugiado por causas políticas o bélicas, y es injusto, además de falso, hacer comparaciones con ciudadanos que profesan el fundamentalismo del ISIS, y que son unos terroristas.

En este mundo hay más gente buena que maligna, lo que sucede es que los malvados hacen más ruido, son más activos y les gusta hacerse notar, aunque los peores de todos permanecen en el anonimato, porque su negocio consiste en hacer daño sin que nadie les identifique.

El drama de los refugiados que huyen de la guerra ha provocado la solidaridad y la compasión de numerosas personas en todos los países europeos a los que han ido llegando, y esa acción humanitaria espontánea ha sido la que ha obligado a algunos dirigentes a ponerse las pilas y a cambiar los discursos.

Históricamente todas las sociedades han tenido entre su población a unos ciudadanos que son solidarios y a otros que tienen miedo a los desconocidos y por eso los rechazan.

En la actualidad sigue sucediendo lo mismo, con la diferencia de que los xenófobos de hoy tienen más información y cultura que los de hace siglos.

Muchos se llevarían una sorpresa si pudieran conocer el nivel cultural y la calidad humana de algunos de los que durante meses viajan con sus hijos, hasta llegar a un lugar donde sus vidas no corran un inminente peligro de muerte.

La ignorancia mata y muchos de los que no sienten una mínima compasión por los que huyen de la guerra, no lo saben, pero están muertos moralmente.

Yo me siento hoy más alemán o austriaco que húngaro, y me gustaría que nuestros dirigentes tuvieran una percepción similar.

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