Ilusiones robadas

Stieg_a21547db05_l

A veces procuro tener menos memoria de la que me queda, a causa de mis desvaríos, e ignoro historias y personas que no merecen la pena porque, tanto unas como otras, pueblan el templo de la mediocridad y de la mala baba.

Sin embargo, por fortuna , regresan a mis recuerdos cuando escribo, y en mi relato novelado, necesito hacer creíble a un personaje despreciable.

Escribir narrativa, hacer literatura de ficción, es un desahogo impagable y por supuesto impagado, y por esa razón cuando alguien se pregunta de qué viven los novelistas – que no es lo mismo que los escritores – la respuesta es… “depende”.

Cada uno se alimenta como puede y de lo que puede, pero vive de sus cuentos, sus relatos, sus recuerdos traducidos, sus vivencias fabuladas y sus personajes reencarnados, una y mil veces, bajo la piel de los héroes o villanos, damas o prostitutas que le dan sentido a sus palabras.

Por eso, quienes pueden vivir varias vidas en las páginas de sus novelas, jamás renuncian a hacerlo aunque tarden, o no lleguen a conocer, algo tan caprichoso, llamado éxito, que es un extraño suceso que a veces tiene que ver con la calidad y otras muchas con la popularidad.

Stieg Larsson, por ejemplo, es muy probable que jamás imaginara que su trilogía Millenium iba a merecer la trascendencia mediática y el seguimiento millonario de lectores que consiguió.

Murió porque necesitaba la nicotina para vivir y  también porque algún mal recuerdo de juventud jamás dejó de torturarle, pero si “El hombre que no amaba a las mujeres” y las dos novelas que continuaron la saga no hubieran tenido el favor del público, no por eso habrían dejado de ser una obra que merecía ser leída por millones de hombres y mujeres de todo el planeta.

He leído hoy, en el periódico Thecult, que edita y dirige Guzmán Urrero, que en España hay cada vez más lectores (desde el año 2000 han aumentado del 58 al 63%) y además tenemos el índice más alto de librerías por 100.000 habitantes, de toda Europa. Lo que no dicen las estadísticas es en qué proporción han aumentado los piratas.

Me resulta pasmosa la naturalidad con la que, gente que podría comprarse un libro, lo piratea sin pararse a pensar que, detrás de ese texto, hay meses y a veces años de un esfuerzo de un escritor que ha plasmado en unos centenares  de páginas una historia que a ellos les ha hecho felices. Un novelista que como mucho cobrará el diez por ciento del precio de venta del libro, es para ellos una persona que  debe hacer su aportación gratis.
Tampoco se detienen a pensar que ese hurto sistemático, al que no le dan importancia, perjudica al agente literario, al editor, a los libreros y a quienes trabajan en este mundo capaz de hacer felices a quienes no se llevarían, sin pagarlo, de una tienda, y sin avergonzarse, algún otro producto.

Yo soy feliz con quienes me leen, y a veces regalo alguno de mis libros o de otro autor, pero estoy persuadido de que piratearlos es una forma de robar ilusiones.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s