La muerte de la palabra

Pinocchio

Dice Pérez Reverte que la palabra como arma, desgraciadamente, está dejando de ser peligrosa, y estoy convencido que los chulos, los matones y los que ejercen el poder sin arreglo a la ley, estarán en desacuerdo con él porque acostumbran, como Don Vito Corleone, a hacer propuestas que nadie puede rechazar.

Yo en, cambio, coincido plenamente con el autor y articulista que escribe a puñetazos contra las conciencias, aunque no soy tan pesimista como él, porque la palabra sigue siendo un buen instrumento de agitación, aunque algunos solo la utilicen para la propaganda.

Por eso cuando la gente pide que los políticos sean los mejores cometen un error porque, como dijo alguien, ” lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible”.

A los políticos hay que exigirles que sean trabajadores, honestos y coherentes con lo que han prometido hacer, y para ser mejores que se rodeen de los más competentes, pero el drama está en que los gobernantes con frecuencia son mediocres y se rodean, a veces, de enchufados de su mismo nivel intelectual, con honrosas excepciones.

Vivimos una época en la que ya no se dedican al servicio público los grandes personajes, intelectuales o simplemente visionarios capaces de conseguir con la palabra que los pueblos, sus pueblos, les reconozcan ese liderazgo.

Ahora somos testigos de una etapa histórica, bastante mediocre, en la que lo que importa es la imagen, el eslogan y la descalificación del contrario.
Yo creo que, incluso, hasta los políticos buenos y preparados, que los hay, han renunciado a ser dueños de la palabra para convertirse en esclavos del marketing y de los asesores del regate corto.

Ningún discurso de los que hemos escuchado en los últimos años merece estar guardado en ningún anaquel para que lo puedan releer las futuras generaciones, y eso es porque -como dice Arturo Pérez Reverte – “la palabra, ya no es un arma como lo fue durante siglos. La palabra hoy está tan devaluada que ha sido sustituida por la imagen, ha perdido influencia, vigor, eficacia”.

Yo siempre he sostenido que no es cierto que una imagen valga más que mil palabras, pero en este minuto historio de simplificación del mensaje y de falta de respeto a quienes se intenta embaucar con guiños emocionales, vete tú a explicarle esto a quienes no piden el voto para ellos, sino contra los demás.

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