El caviar y la casquería

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Dice un amigo mío, escritor brillante – que hace años que no nos hablamos porque un día debió pensar que yo no era persona recomendable con la que compartir un almuerzo – que en España hemos cambiado políticos corruptos por políticos estúpidos y, aunque me parece brillante su ocurrencia, quiero matizar que la estupidez intelectual es una faceta más de la corrupción y además no es garantía que les proteja del trinque, porque a todos los tontos les da por lo mismo, y apuesto doble contra sencillo que éstos acabarán pringados, más pronto que tarde.

El problema de estos tipos y tipas, con vara de alcalde y acta de concejal, es que, los que han estudiado, han confundido la acción de gobierno con una asamblea de facultad , y los que se metieron a sindicalistas en vez de ir a la escuela piensan que su trabajo consiste en reventar actos institucionales.

Estimo que en ambos casos están errados – con hache y sin hache – porque convertir un acto de prestigio y proyección internacional, como son los Premios Princesa de Asturias, en un circo de pancartas e insultos, denota no solo su ignorancia sino también su catadura moral.

Suficientes días hay en el año para ejercer el derecho a reclamar otra forma de Estado como para hacerlo en una fecha como la de ayer, en la que nos visitan personajes brillantes de todo pelaje, pero que tienen en común el sentido de la oportunidad y la excelencia de la educación.

El concejal de cultura del Ayuntamiento de Oviedo declaró que como la amalgama de partidos de izquierdas en la ciudad habían sacado 20.000 votos más que los contituionalistas  que ganaron las elecciones, tenían el mandato popular de proclamar la República .

Lo dicho y, con perdón , hemos cambiado a corruptos por gilipollas ignorantes .

Estos son como los del chiste de un hombre al que su mujer le ponía los cuernos con el cura del pueblo y no protestaba porque creía que el fornicio de su hembra estaba protegido por el secreto de la confesión, hasta que un día el clérigo colgó los hábitos y el marido engañado se colgó de un árbol por miedo a que sus vecinos supiesen lo que, desde hacía años, era voz populi.

Que eran simples, poco aseados y con un nivel intelectual de vuelo rasante, es algo que sabíamos todos antes de que pasaran de folloneros a concejales, pero ahora se les nota más porque antes eran coherentes con sus ideas pero en este momento están hechos un lío y viven en una incómoda contradicción.

Como ven no he hablado en este artículo ni de los galardones, ni de los premiados ni del Rey, porque, como yo sí estudié en un colegio de pago, aprendí que no se debe mezclar el agua con el aceite, el caviar con el chorizo y, mucho menos, la dignidad con la casquería.

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Un comentario en “El caviar y la casquería

  1. Hay una tendencia, que se aviene bien con la soberbia y que tiende a pensar que todo lo que nos sea yo, dicho por mi, “pensado por mi”, si lo atiendo, será animado con una sonrisa de desdén. Por ello no se debe mostrar agradecimiento ninguno porque lo que “tengo”, la sabiduria, la estupidez(eso no se reconocerá nunca) es mio, me pertenece, es mi derecho aún antes de ser. Los demás “no son sino sujetos que me deben obediencia”.
    Si esos detentan el poder, la sociedad lo lleva claro. Luego son estúpidios y no bien dotados por la razón. Si no, darían pena.
    Arodriguez

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