La soledad del escribidor

Un hombre solo[1]

 

Me pide el nómada que no guarde silencio sobre mis andanzas por el Sur, y satisfaré su demanda aunque, para no repetir la crónica de un relato conocido, esparciré en estas líneas algunas sensaciones que arrastro desde unos meses antes de publicar la historia de este selecto club, en el que las amantes son impacientes, pero no dejan de ser unas señoras.

Acostumbrado a la compañía de mujeres excepcionales como Paula,Koke, Ruth, Lourdes, Imelda, Nadine, Iara, Alejandra, Moira, Eva , Soledad o, incluso, Enma, cuesta mucho bajar el listón y vérselas con una mujer con vocación censora y alma entregada al feminismo militante que pretende que eches del club a las más pecadoras o que borres de la lista a las que son capaces de romper sus esquemas, porque ” alguien así no puede existir”.

Todo individuo que se mete al oficio de escribidor lo hace en soledad, sin más compañía que sus recuerdos, y cuando por fin cree que ha terminado su trabajo comienza el momento más duro, porque entonces vienen otros a decirte cómo deberías haberlo hecho.

Te quieren cambiar un adjetivo, intentan modificar un diálogo, te piden que engordes a un personaje, que a otro lo dejes escuálido y finalmente llegan a pedirte que suprimas algún tramo de tú relato que tú consideras fundamental.

En ese minuto histórico, en vez de repartir tu suerte entre el par y el pase, lo apuestas todo al 36 y confías en que la bola de la ruleta repose en su cuenco, mientras ves y oyes cómo salta de un número a otro.

Sabes que tu suerte está echada, y la de tu novela también, porque está a punto de convertirse nuevamente en un manuscrito en busca de editor.

Comprendo, y seguro que tú también, amigo nómada que, como diría el torero, en la vida hay ” gente pa tó”, pero lo importante es que uno siempre siga siendo el mismo, porque si dejas que otros amputen tu relato es que no eres digno de haberlo escrito.

La otra noche en Málaga miraba los rostros de quienes me escuchaban y se interesaban por el deambular de unas mujeres osadas que se permiten vivir sin reglas y sin tutelas, y en ese momento no pude dejar de pensar que aquella historia estuvo a punto de volver a un cajón, a la espera de una oportunidad incierta.

 

 

 

 

 

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