La maldición de un pueblo

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Venezuela se merece ser un país serio en el que se respeten los derechos humanos, los delincuentes vayan a la cárcel y los presos injustamente condenados salgan a la calle, pero eso es difícil cuando quien preside la nación caribeña forma parte del grupo de los primeros y algunos de sus más cercanos colaboradores, en el gobierno, trafican con droga.

Durante 16 años, muchos venezolanos votaron a Chávez y luego a Maduro porque, independientemente de las simpatías políticas que provocaba, especialmente el comandante fallecido en Cuba, dedicaron dinero a asuntos sociales que favorecía a las clases más desfavorecidas.

Sabían también que ,regalando neveras y televisiones que les expropiaban a los comerciantes, tendrían contentos a un sector de la población mediante un voto cautivo. Pero ese dinero se ha acabado, y ya no tienen con qué seguir comprando voluntades de quiernes  han vuelto a padecer necesidades primarias.

Nicolás Maduro sueña con contar  con el apoyo del ejército para continuar en el poder a pesar de tener minoría en la Asamblea Parlamentaria, pero parece ignorar que los familiares de los militares también hacen cola ante los supermercados vacíos y que, en sus casas, escuchan los lamentos de quienes empiezan a padecer necesidad.

No es muy halagador para un pueblo tener que reconocer que es capaz de soportar los desmanes dictatoriales de sus dirigentes si, a cambio, le dan pan de vez en cuando, pero lamentablemente es así, porque hasta que no ha llegado la época de sequía económica no han reaccionado las bases del chavismo que, en estas elecciones, han votado a la oposición.

El problema de los dirigentes venezolano es su pueblo, que les ha dado la espalda y, ante esta situación, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello piensan que no tienen otra alternativa, si quieren continuar, que la de dar un golpe de Estado y anular el resultado electoral.

La duda que les corroe a estos dictadores vocacionales es saber si podrán dar el golpe a se lo darán a ellos los militares.

La oposición democrática ha declarado que está por el diálogo y la reconciliación nacional entre los partidarios del chavismo y los opositores al régimen, pero tiene enfrente a un ex camionero bruto que teme que llegue el día después y algún tribunal lo pueda sentar en el banquillo de los acusados.

Yo apuesto y deseo porque Venezuela regrese a ser un gran país con mejores dirigentes políticos de los que tuvo antes de que Chávez llegara al poder.

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