Donde las calles no tienen nombre

la foto Moni

Mónica Rouanet utiliza los ojos para muchas cosas diferentes. Con ellos sonríe, disecciona, escucha, observa, intuye, aprende, confía, desconfía, ríe y no sé si llora pero imagino que, cuando lo hace, se encierra para que no la vean porque su mirada es su tarjeta de visita y su carné de identidad.

El día que la conocí, hace ya varios años, en la cafetería de un pueblo… cuyas calles no tienen nombre, donde habíamos quedado porque compartimos agente literario que quería que nos viésemos e intercambiásemos manías de escritores, descubrí, sin haberla leído aún, que sus historias debían ser un prodigio de intuición y realismo.

Me habló de su primera novela y me contó cómo le gusta que sus lectores sean cómplices de su relato, porque escribe de tal forma que les va dejando pistas intuitivas para que sean ellos los que completen el retrato psicológico de los personajes que describe con maestría y sutileza.

Rouanet es una escritora que domina el difícil arte de fotografiar el alma para hacernos ver los sentimientos de miedo, amor, odio, desconfianza o valentía de los hombres y mujeres que pueblan las páginas de sus libros.

El lector que se adentra en ellos no puede evitar sentirse enganchado en una trama que va ganando en intensidad e intriga a medida que sus protagonistas sobreviven a la simple necesidad de llegar al día siguiente, sin haber sido víctimas de unos asesinos no identificados, a pesar de que van dejando huellas de sus fechorías.

Siempre he sostenido que las buenas novelas hay que leerlas y por lo tanto no hay que contarlas ni desvelar su trama, porque ningún relato de una tercera persona puede sustituir a la magia que le imprime, en este caso, su autora.

“Donde las calles no tienen nombre” (Roca Editorial 2015), es una novela imprescindible para quienes disfrutan de la intriga y de la magia de la novela negra a través de la historia de una familia en la que ninguno de sus miembros tienen razones suficientes para sentirse orgulloso de pertenecer a ella y mucho menos de amar a los demás.

Los amantes de la lectura, que se adentren en las páginas de este apasionante relato, se van a encontrar con una protagonista ingenua, valiente y bien intencionada que se atreve a investigar, entre los miembros de su propia familia, quién puede haber sido el asesino de su propio padre y de su amante.

La orgía de sangre está presente entre las páginas de este thriller hasta el instante final y, como en todo buen relato literario, el lector disfrutará de un desenlace inesperado.

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3 comentarios en “Donde las calles no tienen nombre

  1. Ustedes los escritores/as en realidad, son la luz, faro, brújula y guía, de todas las respuestas a nuestras inquietudes, realidades, dudas, de la fantasía, de los sueños nunca realizados pero posibles, descubridores de los malvados los perversos, los embaucadores los manipuladores de la verdad y de la historia y martillo, de corruptos y corruptores. No a todos y me refiero a los escritores, les cabe el honor y el derecho, a ser reconocidos como tales por eso, me reservo mi derecho, a expulsar de esa lista, a esos que abombo y platillo, se autoproclaman escritores que están al servicio, de los políticos y todo lo que rodea a la política me da igual del color que sea el que les paga es decir, sin criterio del don de la independencia que les caracteriza o debiera de caracterizarlos entre estos últimos, se encuentran los otros escritores llamados periodistas ……

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