La mula que quería correr

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Al final será lo que Dios quiera, se pongan como se pongan los negociadores que trabajan haciendo encaje de bolillos para conseguir un pacto de gobierno, y me estoy refiriendo a los que se empecinan en empezar por las prohibiciones antes de que a alguien se le ocurra pactar algo en positivo.

Yo creo que Pedro Sánchez , a pesar de todo ,lo va a tener más fácil de lo que imaginaba porque sus interlocutores apuestan fuerte por el valor de lo simbólico que es lo que hará que la sociedad visualice que el cambio ha llegado.

No es casual que, como ocurre por ejemplo en el Ayuntamiento de Madrid, las decisiones de gobierno tengan más que ver con el cambio de los usos y costumbres que con el tráfico, la sanidad, las inversiones o el estímulo a la economía.

Es más urgente cambiar los nombres de las calles, o el estilo de la cabalgata de Reyes o las representaciones teatrales urbanas, que legislar sobre asuntos de interés general.

La negociación para que le aprueben los Presupuestos de la Comunidad, – como acaba de suceder en Castilla La Mancha entre el gobierno socialista de García Paje y sus socios de Podemos – pasa por comprometerse a denunciar un Concordato, que no existe, con el Vaticano  y retirar la subvención a los hospitales públicos que tenían un capellán católico para atender a los moribundos que se querían confesar.

Por eso insisto que Pedro Sánchez lo va a tener fácil con algunas de las exigencias del partido de Pablo Iglesias que conoce perfectamente el valor de los mensajes visuales que implican cambiar costumbres y  que tienen que ver con un sector de la población distinto al que ellos dicen representar.

En el  programa que ha distribuido el PSOE a todos los partidos políticos, menos a los grupos separatistas y al apestado Partido Popular, se evita entrar en asuntos trascendentes como el de Cataluña para no molestar a sus posibles socios, y mantienen una  indefinición calculada de algunas propuestas que permiten que sean interpretadas de una forma y de la contraria, y así tranquilizan a sus interlocutores.

Todo esto, y sin tener que forzar demasiado la metáfora, me traslada a la película de Luis Buñuel, Belle de Jour, protagonizada por Catherine Deneuve, una prostituta de Lujo que reservaba unas horas al día para ser oficialmente decente, y otras para dar rienda suelta a sus deseos ocultos.

Pedro Sánchez, según lo define en privado Felipe González, era la única mula que quería correr en esta carrera, porque Rajoy había renunciado, así que está haciendo lo que le pide el cuerpo..y su señora.

 

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