Complices en la indignidad

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Me consta que hoy es un día para intentar convertir en solemne una sesión parlamentaria llamada a ser tan intrascendente como algunos de sus protagonistas, pero no me apetece subirme a esa ola fofa que no tiene altura y casi todo es espuma.

Ya leeré mañana en algún periódico digital lo que haya sucedido en el hemiciclo, porque hoy me siento tan aburrido como ayer estuvieron durante la intervención de Pedro Sánchez algunos de sus conmilitones que no pudieron soportar, sin dormirse,su larga y floja intervención que fue más bien un conferencia teórica que un discurso de investidura.

Lo que hoy me ocupa y provoca mi vomitona son las palabras de un delincuente y los parabienes de un indecente, porque ayer se produjo otro hecho que algunos convirtieron en acontecimiento político aunque en el fondo era una noticia de sucesos, ya que salió un chorizo de la cárcel y algunos celebraron ese hecho como si fuese un acontecimiento .

Me estoy refiriendo a Arnaldo Otegui y a Pablo Iglesias, dos simpatizantes que comparten una cierta dosis de indignidad moral, porque querer convertir en un héroe a un criminal y jalear sus palabras y su trayectoria, indica que la complicidad ideológica que existe entre ellos dos es igual de pestilente.

Hace unos días, con ocasión de la presentación del libro de Javier Rupérez “La mirada sin ira”, en cuyo secuestro participó el delincuente etarra ayer excarcelado, cité la frase en la que afirmó que Otegui no tenía biografía sino ficha policial.

Hoy añado otro dato que también aparece en ese libro y que yo desconocía: Arnaldo Otegui formó parte del comando de ETA que intentó secuestrar a Gabriel Cisneros al que le disparó cuando el entonces diputado y ponente constitucional logró zafarse para evitar ser privado de libertad.

Que un tipo que aspira a gobernar este país en mangas de camisa diga que Otegui es una víctima porque ha ido a la cárcel por defender sus ideas, es vomitivo e indica que en algunos dirigentes de la izquierda antisistema no existe ni la compasión por la víctimas del terrorismo ni la dignidad ética que tienen las personas decentes.

ETA sigue en la desvergüenza de sus asesinos y en la mente sucia de sus cómplices, porque sus víctimas merecen, como mínimo, memoria, dignidad y justicia que son tres derechos que algunos quieren hurtarles.

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