Una deuda y un homenaje

 

PORTADA Honor muertos_PEQ2

¿Han sentido ustedes alguna vez que tenían una deuda impagada con alguien de quien no saben si aún vive o ya murió?

Yo sí, y es una sensación que me ha perseguido durante mucho tiempo porque yo viví en Chile desde el año 1966 a 1968 y allí conocí a gente que cinco años después sufrió la dictadura y la represión brutal del régimen de Pinochet, y desde entonces me ha perseguido la angustia de no saber qué suerte corrieron.

Durante diecisiete años aquella dictadura secuestró, hizo desaparecer a hombres, mujeres y niños, torturó, asesinó a miles de personas, lo hizo con total impunidad y con un sadismo singularmente cruel, y a día de hoy sigo pensando si entre sus víctimas están algunas de las personas a las que conocí y quise.

Esa ha sido la razón por la que he escrito “El honor de los muertos”, una novela basada en hechos históricos documentados, en la que me he permitido fabular una venganza que, pasados los años, unas víctimas de aquella represión maquinan y ejecutan contra sus torturadores y asesinos de sus familiares y amigos.

La literatura es una forma de hacer justicia.

Esta novela es un homenaje a aquellos hombres y mujeres que conocí por entonces, y además es una aportación a la memoria de quienes o no tienen noticia de aquellos terribles hechos o los han olvidado.

“El honor de los muertos” (Editorial Última Línea), conecta a su protagonista, que es un español que huye de la España de Franco y poco después se encuentra con la dictadura de Pinochet, con personajes chilenos que viven unos años tristes en blanco y negro, durante los que los dos regímenes se parecen demasiado en sus orígenes.

Hablar de dictaduras en estos tiempos no es un asunto baladí porque el riesgo para nuestras libertades sigue existiendo, y olvidar la historia es un error irreparable.

Yo les sugiero que lean esta novela en la que los sucesos, la intriga y la preparación de una venganza contra los que no pagaron por sus crímenes, le imprimen al relato un ritmo apasionante.

La venganza es un sentimiento profundamente enraizado en la condición humana, y aunque los ciudadanos debemos confiar en la justicia, hay momentos en los que no podemos evitar la sensación de frustración al comprobar que los abusadores y asesinos se libran del castigo.

Por eso los protagonistas de esta novela se toman la justicia por su mano. Y acabo haciendo una reflexión conectada con la actualidad: el día que Felipe González dijo que Pinochet respetaba más los derechos humanos que Nicolás Maduro me quedé boquiabierto porque comparar a dos personajes despreciables no es nada riguroso, y aunque Maduro tiene encarcelados y asesinados a compatriotas suyos, tendría que cometer muchos más crímenes para llegar a la crueldad y sadismo del régimen de Pinochet

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