La chaqueta de Harrison Ford

La chaqueta de Harrison FordChaquera

 

No es un secreto para Hacienda que yo no soy alguien que ande sobrado de pelas aunque sí soy bastante caprichoso cuando algo me gusta, y desde que  he leído que Harrison Ford ha sacado a subasta la chaqueta de cuero que vistió en “Star Wars”,  he vuelto a comprar un boleto de los ciegos a ver si me toca y pujo por esa pieza única.   Tengo de tiempo hasta el día 28 de abril, que es cuando se cierra el plazo, y por lo que he leído, la cifra más alta que se ha ofrecido  hasta ahora alcanza los 33.000 dólares.

Nunca fui un  iconoclasta. Respeto a la gente a la que admiro pero no la envidio sino que intento aprender de ellos escuchando lo que dicen y observando lo que hacen, y uno de ellos es Harrison Ford,  buen tipo fuera y dentro de la pantalla,  porque sus historias enganchan  hasta cuando lo confunden con un asesino, porque  consigue demostrar la tesis de que los que tienen cara de buenos casi nunca son malos.

El que buscaba el Arca perdida  es uno de los actores que más dinero han dado a la industria del cine en los Estados Unidos de América  y además es un tipo solidario que si algún día decidiera dejar de hacer películas podría protagonizar una buena historia real como Presidente de su país.

Yo he pensado muchas veces en la relación que existe entre la  belleza y la bondad, porque aunque esa tesis no se sustenta en ninguna base científica, si es cierto que la psicología predispone  confiar más en un rostro agradable  que en uno desabrido, y ésa es la razón por la que tienen más seguidores.

Hoy en España, entre los candidatos a presidir nuestro país, tenemos a un feo con cara de pasota, a un guapo con cara de simple, a un bonito con rostro de  indefinido y a un  macarra con dientes de rottweiler.

Ninguno de ellos tiene aspecto de héroe y ni siquiera de ayudante bueno del sheriff del condado, y ésa es la razón de nuestras desventuras porque nos han tocado cien años de mediocridad, que son peores que los que vivió en soledad la familia Buendía.  Pero he de controlar mi tendencia a irme por las ramas del realismo mágico para regresar al protagonista de una ficción bastante real, como es mi amigo Harrison que tiene cara de buena gente y además lo es.

Si a eso añado que cuando tenía cincuenta y seis años  la revista People lo eligió como el hombre vivo más sexy del mundo, y años después la revista británica Empire como uno de los cien actores más sexy de la historia, no me negarán que me crea como válida la tesis de que los guapos tontos, nunca triunfan.

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